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El Puma Martínez: esa muerte que lo marcó, las drogas y una dura historia de superación

El flamante campeón del mundo supermosca atravesó una adolescencia difícil y casi abandona el boxeo pero supo salir adelante. Conocé más de quien se consagró en Las Vegas.

Una adolescencia difícil por la muerte de su padre y el infierno de las drogas -Ingredientes destructivos cotidianos que signan millones de vida-, operaron en Fernando Martínez, flamante campeón de la categoría supermosca de la FIB, como un incentivo para abandonar esa senda de perdición.

El boxeo, ese toma y daca noble que cultivó desde los once años por insistencia paterna tuvo su noche mágica esta madrugada en Las Vegas tras vencer por puntos en fallo unánime al filipino Jerwin Ancajas, que venía reinando en la categoría desde hace cinco años. El Puma impactó con su boxeo y emocionó con su humildad, con sus dedicatorias a su progenitor y el eterno agradecimiento a su madre que lo sacó de las drogas a quien prometió “comprarle una casa”.

El recuerdo permanente para su padre Abel quien lo lanzó al boxeo, no podía estar ausente en su hora más gloriosa. Porque él fue quien le vaticinó que un día sería campeón del mundo. Y aunque no estuviera allí en esta noche soñada de alguna manera su recuerdo quedó plasmado en ese puñado de lágrimas que le entrecortaba la voz al campeón.

Fernando Pumita Martínez campeon Mundial mosca.jpg

De la mano de los entrenadores Roberto y Sergio Rodríguez se ganó un lugar en la Selección de boxeo amateur a los 16 años y luego tuvo sus primeros ingresos. Tiempo después representó al país en varias ocasiones y ganó como así también perdió, pero siempre mantuvo el mismo sueño que pudo por fin cumplir.

Pero luego la muerte de su padre interrumpió ese ascenso. Fue como un golpe letal que lo llevó a deprimirse y buscar refugio en el consumo de drogas. Sin embargo la insistencia de su madre y su entrenador Rodrigo Calabrese fueron claves para rescatarlo de las adicciones.

Lo convencieron de que la mejor manera de honrar la memoria de su padre era volver al gimnasio de Unidos de Pompeya y entrenar más duro que nunca. Sin perder el fuego que lo impulsaba: ser alguna vez campeón del mundo. Como lo fue su gran ídolo, Mike Tyson

El oriundo de La Boca que vive en Avellaneda, entrena boxeo desde los 11 años y ya en esa época seguía muy de cerca Tyson. La rapidez con que el campeón liquidaba las peleas en segundos le llamó mucho la atención. De hecho, es algo que Martínez también lleva en la sangre. De los 13 combates profesionales que realizó, ocho de ellos los terminó antes del límite. Y, además, cuenta con el apoyo de otro boxeador que sabe y mucho de noquear, como lo es Marcos "Chino" Maidana.

Ya vendrá el momento de pensar en las grandes bolsas y en las grandes peleas contra los mexicanos, filipinos, japoneses y tailandeses que constituyen el nervio histórico del peso supermosca. Ahora es tiempo de disfrutar lo conseguido en la capital del boxeo del mundo, allí donde los sueños se hacen y se deshacen, Fernando Martínez cumplió el suyo propio. Y anotó su nombre al lado de los de Santos Laciar, Gustavo Ballas, Carlos Salazar, Víctor Godoi y Omar Narváez, los otros argentinos que reinaron en la categoría. Dejó la vida en el ring para que así sea. Y le hizo vivir a nuestro viejo y querido boxeo, otra noche inolvidable de triunfo y de gloria. Una de esas que hacen historia.

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