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Por estos días, son alentadoras las noticias con respecto al rescate y la restauración de dos importantes exponentes de nuestra historia como ciudad: la Carreta de los Rosa y la Casa de las Bombas. Emparentadas ambas, con aspectos trascendentales del desarrollo económico y social de la región, resumen un anecdotario que merece ser conocido para adentrarnos más en el pintoresco origen que los envuelve.
Para ubicar en el tiempo a la Carreta de los Rosa, hay que imaginar otro Neuquén, aunque no tan diferente ni distante del que conocemos hoy. Con casas bajas y calles de tierra, las mismas bardas de siempre y los medanales intactos, cielos amplios y despejados y el rumor de un arreo en la madrugada.
Carlos Agundez Schield, más conocido como “el Gaucho Agundez”, locutor y conductor radial y televisivo y asociado a una tradición familiar de educadores y gente de “quehacer campero” recuerda que los Rosa tenían su estancia en la zona donde el tiene su actual estancia, Trapalanda.
"La extensión de tierra de los Rosa era tremenda y abarcaba desde lo que por entonces era “Colonia Inglesa” en Plottier hasta Arroyito y subiendo hasta más allá de la zona donde hoy es el Lago Mari Menuco. Los arreos yo los veía pasar cuando era muy chico y me llamaban poderosamente la atención. Iban pasando los arrieros con sus chiflidos característicos y el griterío para encaminar a los animales. Traían arriando el ganado desde China Muerta por lo que hoy es la calle San Martín, así que eso era bien temprano por la madrugada casi de noche, llegando muchas veces al otro día con las primeras luces al Matadero de la calle Bahía Blanca. Yo me levantaba en las nochecitas oscuras para verlos pasar y lo que más me gustaba era el “chisperío” que producían las herraduras de hierro de los cascos de los caballos sobre el enripiado de piedra de la calle San Martín, que era la única que existía como calle principal", agregó.
"Por esa época yo vivía en Valentina a pocos kilómetros del centro de la ciudad, pero el otro punto de la llegada de la hacienda era por tren y bajaban las reses a la altura de lo que hoy es el Cenotafio de Malvinas y desde allí también hacia el matadero por la calle Río Negro hasta llegar al Matadero de la calle Bahía Blanca. Te estoy hablando de allá por el año 1950 y yo andaba por los 5 años, después se fue complicando con el tema del incremento del tránsito, porque no era que los arreos pasaban todos los días, pero como lo Rosa abastecían de carne a todo Neuquén por lo menos cada quince días era frecuente sí", recordó.
Esa rutina se modificó cuando ya se había poblado mucho “El Bajo” y la gente se quejaba de la suciedad que los animales generaban en el frente de sus casas. "Así que la Municipalidad tuvo que sacar una ordenanza que regulara la movilización de animales sueltos por la ciudad", añadió Schield.
Los Rosa son una de las familias pioneras de nuestra región, no sólo por haber sido los primeros en abastecer mayoritariamente de productos cárnicos a la zona, también por haber emplazado el primer establecimiento frigorífico de la ciudad.
La historia comercial de los Rosa familiar comienza con la fabricación de jabón y primarios insumos de limpieza de la época. Actividad que se diversificó con la cría y faena de ganado vacuno y la apertura de lo que consignan las crónicas como el primer bazar de Neuquén.
La Carreta de los Rosa cumplía primariamente las funciones de transporte y de flete, en una geografía de calles arenosas y pobladas de dunas en el tiempo seco y fangales profundos en temporadas de lluvias, en las que el considerable tamaño de sus ruedas jugaba a favor para superar cualquier obstáculo.
De este y otros carromatos se sabe que llegaron en tren, allá por principios del 1909 cuando los primeros Rosa, Francisco y José, inmigrantes italianos, llegaron a la zona y que con anterioridad se emplearon como carreros transportando cereales al Puerto de Buenos Aires desde el interior de la misma provincia.
Marco Cornu, Director de Patrimonio Histórico y Cultural de la Subsecretaría de Cultura de la Municipalidad de Neuquén comentó a LM Neuquén que el carretón de la Familia Rosa estaba instalado en el predio del Consejo Deliberante y se tuvo que sacar del lugar dónde estaba por la ampliación de la calle Leloir.
"Los concejales en aquel momento promulgaron una ordenanza que preveía su instalación en el predio de la nueva Municipalidad de la Calle Godoy. Hasta allí se trasladó el carretón para su reparación permaneciendo durante ese tiempo cerca de los galpones", contó.
Aunque muchas personas pensaban que se lo había abandonado, en realidad se estaba reconstruyendo por partes, como fue el caso de una de sus ruedas que se reconstruyó completamente. Un trabajo admirable de los compañeros de carpintería porque rearmaron prácticamente una rueda nueva basándose en el modelo de las demás. Una acción que quizás pasó desapercibida para la comunidad, pero que fue realizada con absoluta buena voluntad y empleando un poco más que el oficio porque tuvieron que ingeniárselas, por ejemplo, para reconstruir totalmente la masa central de la carreta. Alexis, que es el encargado de la división de carpintería junto a todo su equipo, copiaron al detalle todas las características de las ruedas originales.
"Después de reemplazarle algunas tablas del piso del carretón se lo emplazó en el nuevo edificio, pero en medio de toda esa gestión de reparaciones surgió una nueva ordenanza estableciendo la restitución de la Carreta de los Rosa a los predios originarios del Consejo con todo lo que ello significa porque es muy delicado trasladar una pieza de esas características cuidando que no sufra ningún daño”, agregó el funcionario.
Otro caso de recuperación de nuestro patrimonio es La “Casa de las Bombas”, que se declaró como Patrimonio en 2019 y se fue poniendo en condiciones para que funcione actualmente la Dirección de Patrimonios y continuamos trabajando en su acondicionamiento.
La idea además de mejorar las condiciones de habitabilidad, es crear un Centro Cultural adecuado a sus dimensiones, ya que no es un espacio muy amplio. Esto implica acondicionar los baños y el resto de las dependencias para poder recibir visitas de las escuelas.
"En el Área de Patrimonio realizamos relevamiento y análisis de la información con los fines divulgar lo que el Consejo Deliberante va declarando patrimonio y en orden también de lo que la comunidad considera como histórico patrimonial", dijo Marco Cornu.
"No todo lo que trabajamos en esta dirección está aún declarado como “patrimonio”, muchas cosas que la gente de Neuquén valora aún no entró institucionalmente en esta categoría y entonces cumplimos la tarea de reunir la información para mantener, rescatar o gestionar las restauraciones pertinentes. Aunque no existe un área de restauración específica, se trabaja en forma integrada con las distintas áreas municipales", agregó.
"La importancia de este capital comunitario o social es el fortalecimiento de la identidad, es parte de nuestra historia, es lo que nos une como comunidad, la historia en común. Todos esos elementos que los neuquinos distinguimos o tenemos en cuenta, que son hitos en nuestra memoria o en la conciencia colectiva. Cosas que todos reconocemos y que tienen valor simbólico o histórico para nosotros. Es importante destacar que existe un proyecto que presentó hace poco el Intendente Mariano Gaido para formalizar la reforma, que incluye además un edificio nuevo”, sostuvo Cornu.
Carlos García, jubilado municipal y hoy destacado librero anticuario de nuestra ciudad, recuerda que cerca de la Casa de las Bombas, en una propiedad que quedaba casi pegada a estas, vivía un encargado del funcionamiento y la reparación de las mismas al que todos conocían como Don García. "Solíamos tener largas charlas, mientras hacía sus ejercicios matinales, en una bicicleta fija que había adecuado para tal fin, y que según él era la primera bici que había vendido la firma “Ferracioli”, contó.
"Don García, que por entonces tenía por lo menos unos noventa años, mientras pedaleaba sin pausa, me comentaba qué en sus años mozos, por los ríos Limay y Neuquén circulaban dos embarcaciones a vapor que pertenecían al Ferrocarril del Sud que recorrían las corrientes haciendo transportes de carga", recordó García.
El amarradero de estos vapores estaba cerca de lo que hoy es el balneario como parte de las propiedades del Ferrocarril que además en el Limay tenía una estación de bombeo con una maquinaría de gran porte y por cierto muy ruidosa. Hoy esa sala de máquina, aunque incompleta y habiendo sufrido actos de vandalismo y pillaje, sigue en pie y forma parte del patrimonio histórico de la ciudad.
Las Bombas abastecían a los tanques del ferrocarril que estaban a la vera de lo que es actualmente el Parque Central. Hoy el bombeo modernizado sirve como sistema de riego de vastos sectores del Parque. Hasta hace no muchos años, las cañerías eran de hierro y cuando se rompían por el lógico desgaste, se reemplazaban y a la vez se les iba haciendo un proceso de calafateado a las juntas, en forma muy artesanal por operarios muy especializados del municipio, similar al que se hace con la reparación naval.
El valor patrimonial en este caso reside en que el tren significó un importante y sostenido desarrollo para una zona de potencial riqueza en el que el Estado nacional construyó un “puente de unión” entre los pueblos del país y a sus pioneros que forjaron un destino de identidad propia. Por eso es imprescindible rescatar los lugares históricos, y a su vez la mística que unía a esos primeros hacedores que luchaban por el bien común, superando todas las contingencias con la certidumbre de sus convicciones.
"El Patrimonio de un pueblo está formado por el respeto al pasado y a las personas, que dieron y dan día a día, todo su esfuerzo en forma personal y colectiva, como es el caso de quienes trabajaron y trabajan en la red ferroviaria de Neuquén cuya inauguración cumplió 120 años el pasado 12 de julio”, concluyó García.