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No solo los médicos y enfermeros sufrieron cambios e incrementos en sus tareas durante este año de batalla contra el coronavirus, sino que también las y los trabajadores sociales tuvieron que continuar sus tratamientos, en muchos casos de manera virtual, y buscar ayuda económica desde diferentes áreas de gobierno para asistir a sus pacientes.
Sus pacientes llevan adelante tratamientos ambulatorios, otros están internados y también asisten a personas que participan de espacios grupales y la huerta comunitaria del Proda que funciona en el Heller.
“La llegada de la pandemia generó una modificación en la atención a los usuarios ya que debimos suspender las actividades grupales y comunitarias y creamos nuevos dispositivos en salud mental más ligados a la urgencia y a la atención telefónica”, explicó a LM Neuquén la profesional.
Igualmente, con varios pacientes la asistencia continuó siendo de manera presencial, aunque debieron rebuscarse para ayudar con los menores riesgo de contagio posible.
Implementaron una línea telefónica de contención Covid de salud mental y adicciones y seguimiento de usuarios del área con Covid positivo.
Jara comentó además que con la cuarentena se “profundizó la demanda de acompañamiento respecto de lo económico asistencial de los pacientes”. Para dar respuesta a esta situación los trabajadores sociales debieron gestionar y coordinar con áreas del ministerio de Desarrollo Social para brindar distintos apoyos a pacientes en condiciones de alta vulnerabilidad psicosocial.
“La gran mayoría de los usuarios que atendemos en el servicio no cuentan con trabajos formales y durante la cuarentena no tuvieron posibilidad de ingresos económicos profundizando en muchos casos sus problemática psicosociales, y más aún en quienes no cuentan con redes sociales ni familiares o pertenecen a sectores más vulnerables”, explicó Jara.
La trabajadora social del Hospital Heller contó además que durante este año marcado por la pandemia del coronavirus recibieron también un incremento de consultas vinculadas a “situaciones de riesgo, consumo problemático de sustancias y violencias, mayormente hacia mujeres, adultos mayores, adolescentes y niños”. “Esas situaciones las acompañamos coordinando, a veces con dificultades, con la línea 148, defensorías, juzgados, desarrollo social y otras instituciones, hospitales y centros de salud”, comentó.
Otra de las problemáticas que, según comentó, se incrementó con la pandemia fueron las personas en situación de calle y con problemáticas diversas. “En un inicio fue muy dificultoso brindar alguna respuesta debido a que no habían dispositivos estatales pensados para esta problemática. Hoy, si bien se han generado algunos a raíz de las medidas sanitarias, sigue siendo difícil la coordinación y más con personas que no cumplirían los criterios establecidos para el ingreso en dichos espacios”, puntualizó Jara.
Y la pandemia no solo afectó sus tareas diarias, sino que como a todos los “atravesó como personas con vidas particulares, trabajadores de la salud y como damnificados”. “Tuvimos que fortalecernos como equipo para brindar y brindarnos contención ante el estrés, la incertidumbre y el miedo que se vivió durante meses, el alto estrés laboral propios del contexto, agravado por la expansión de los contagios, contagios de compañeros dentro del servicio y el reclamo de reconocimiento y recomposición salarial que se mantiene inmóvil desde principios de año”, aseguró Jara.
Como ejemplo de situaciones fuertes que le tocaron vivir, Jara contó que también se sintió muy movilizada por los hechos de robo y destrozos en la huerta del hospital que sostienen ellos con mucho trabajo.
“Hoy seguimos fortaleciéndonos y repensando la organización interna, retomando de a poco algunos espacios grupales como la huerta comunitaria, espacio lúdico en la internación y creando un espacio expresivo para adolescentes juntos a compañeros de distintas disciplinas del servicio”, compartió la trabajadora social.