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Por Pablo Montanaro - montanarop@lmneuquen.com.ar
Tiene 29 años y en 2013 se fue a hacer el curso de director técnico en Córdoba, donde comenzó a proyectar fundar el Club Social y Deportivo Confluencia.
“Mucha gente no puede creer este cambio, yo no me doy cuenta de lo que hicimos”, dice.
Cuando camina la cancha que luce reluciente con el verde del césped sintético, los ojos de Ariel Koon se iluminan y la sonrisa se dibuja eterna en su rostro. Son los mismos ojos y la misma sonrisa de aquel pibe que desde los 8 hasta los 17años, con la camiseta del club Hueney Hue, corría con la pelota al pie en ese mismo lugar lleno de tierra, piedras y el polvo que se levantaba con el viento persistente en la canchita del barrio Confluencia.
Ese mismo lugar, donde aquel pibe que jugaba de 8 defendiendo al Hueney Hue en los partidos de la liga comunitaria, unos años después se convirtió en un descampado, lleno de matorrales y basura que los mismos vecinos tiraban y que servía de refugio para los jóvenes que se juntaban a fumar y tomar alcohol.
El lugar hubiera permanecido abandonado para siempre de no haber sido por el sueño utópico que despertó en Koon mientras estudiaba la carrera de director técnico en Córdoba, de levantar allí un club social y deportivo que sacara a los pibes de los peligros de la calle y les ofreciera un espacio de recreación y contención, y donde cualquier miembro de la familia pudiera hacer alguna actividad deportiva.
El ahora presidente del Club Social y Deportivo Confluencia cuenta que se crió en las calles del barrio junto a un montón de pibes que además de correr por las chacras pasaban la mayor parte del tiempo jugando a la pelota en el club fundado en 1991 por José Curilef. “Mi familia era de clase media baja y por nuestra condición económica asistía junto a mis hermanas al comedor de la Escuela 103, donde hice la primaria, y a la tarde iba al club y nos daban la leche después del entrenamiento”, rememora.
Mientras asistía a las clases de la carrera de director técnico en Córdoba y trabajaba en un puesto de diarios para pagar sus gastos, extrañaba las calles de su barrio natal y se entristecía por el abandono en que había quedado el predio de ese club que para él había sido “una escuela de valores”.
Las horas que pasaba en el puesto de diarios las usaba para volcar en un cuaderno el proyecto de fundar un club. “Un día le comenté del proyecto a un profesor llamado René Arregui que me asesoró para concretarlo. Un tiempo después decidí dejar Córdoba y volver a Neuquén para lograr mi principal objetivo. Llegué en agosto de 2013, tras dos días de hacer dedo porque no tenía plata para pagarme el pasaje. Tenía un entusiasmo bárbaro por el proyecto del club”, cuenta.
Cuando llegó a Neuquén se encontró con Nicolás Santander y Marta Bascur, que habían quedado a cargo del Hueney Hue tras la muerte de Curilef. “Les dije que quería hacerme cargo del predio, les conté del proyecto de fundar el club Confluencia. ‘Por fin’, me dijeron. Me conocían de pibe, me habían visto siempre colaborando y por eso se atrevieron a darme esa posibilidad lo que implicaba la desaparición de Hueney Hue”, explica.
El 17 de septiembre de 2013, en medio de un predio “que se caía a pedazos, sin servicios básicos y que era usado como descampado para cortar camino”, Koon junto a un grupo de amigos del barrio comenzaron a trazar un camino cuya voluntad, dedicación, esfuerzo y compromiso se vio reflejado en 2015 cuando lograron tener la personería jurídica y no solo en esa cancha de césped sintético (inaugurada en mayo de 2017), la participación del club en el torneo de fútbol Lifune sino en las más de 700 personas que todos los días -hasta que apareció la pandemia-, asisten a diversas actividades y disciplinas deportivas en los salones y gimnasios que se construyeron con el apoyo de la Municipalidad de Neuquén.
“Todo esto en que se ha convertido el club ha sido gracias a la lucha y el compromiso de mucha gente del barrio que participa y que cuando comenzamos estaba hundido en la postergación, vivía cotidianamente con la violencia de los jóvenes, sin un predio deportivo, sin escuela secundaria, ni centro de capacitación, que no tenía futuro”, dice.
“Caminar por el barrio, ver a los chicos que tienen la ropa del club son las cosas que yo soñaba e imaginaba cuando estaba en Córdoba, y hoy todo eso es una realidad”, precisa.
Desde hace un tiempo, Ariel Koon junto a integrantes de la comisión directiva están recolectando información y documentos con el objetivo de realizar un documental acerca del club que se llamará El corazón de Confluencia, del realizador Gabriel Mora.
El objetivo es no solo reflejar los comienzos y el trabajo del actual club, sino todo lo anterior. “Pretendemos inmortalizar una de las historias más espectaculares y desconocidas de la ciudad”, señaló Koon.
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