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ALEJANDRO OLIVERA
olivera@lmneuquen.com.ar
NEUQUÉN
José Toscano siempre supo quién era. A pesar de haber nacido como una niña, desde corta edad se autopercibió como un hombre, algo que reflejaba al jugar frente al espejo a que se afeitaba como su padre o en la canchita del barrio con sus amigos. Recientemente se sometió a una cirugía de masculinización de tórax que le permitió ver su sueño cumplido.
Con 53 años sobre sus hombros, este docente en formación profesional es consciente del camino que tomó y de que todos sus logros fueron gracias al esfuerzo que realizó durante su vida. Esa experiencia fue volcada a su trabajo en la división de Diversidad Sexual del Municipio y a su militancia en la agrupación MOLE (Movimiento Lésbico) y la Falgbt (Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans).
En tal sentido, recuerda que siempre se autopercibió como un varón y que se sentía incómodo cuando su madre lo vestía como mujer, y aunque su familia lo apoyó en su decisión, aseguró que existen casos extremos que derivan en maltratos.
“Hay niños que son forzados a cumplir con lo que la sociedad les impone y terminan con grandes problemas psicológicos en su adultez”, detalló José.
Si bien la Ley de Identidad de Género protege a los niños trans, insistió en que es necesario hacer talleres y charlas para que la población conozca el daño que se le puede hacer a un niño al forzarlo a ser algo que no siente.
“Las personas que sacamos nuestra verdadera identidad y que hacemos transformaciones y cambios registrales necesitamos hacer un esfuerzo para cuidar a la niñez”, sostuvo.
“Es importante que se pueda decir lo que uno siente que es, porque no se trata de una elección, sino de una forma de sentir”. José Alejandro Toscano 53 años
El sentido más profundo
Asimismo, resaltó que no nació en un cuerpo “equivocado” y aseguró que el cuerpo no tiene nada que ver con lo que uno siente.
“La sociedad determina que para ser hombre tenés que ser de una determinada manera, pero uno se siente varón y no importa si te visten de pollera, eso no lo pueden cambiar”, afirmó con convicción.
A veinte días de haberse sometido a una cirugía de masculinización de tórax, recordó el momento en que tomó la decisión para realizar la transformación que finalmente concretó.
“Para mí fue fácil porque dentro del vientre yo era José Luis, aunque mis padres se sorprendieron cuando se encendió la rosa, no lo podían creer”, contó a LM Neuquén. En tanto, señaló que cuando se cambió el nombre, su madre lo aceptó con naturalidad: “Me llamó hijo, sin problemas”, recordó José.
A pesar de que aún sufre algunos dolores y debe estar fajado para que la zona se recupere sin complicaciones, José expresa su alegría por haber concretado este paso. “Desde el punto de vista emocional es muy fuerte, es algo gigante”, concluyó.
“En mi trabajo como docente tuve el apoyo de mis compañeros, pero especialmente del director de la escuela, lo que fue muy importante para mí”. José Alejandro Toscano 53 años
En trámite
La lucha por una identidad que no la determina ningún documento
Si bien en un primer momento tomó el nombre que sus padres habían elegido para él, José decidió cambiar su segundo nombre, Luis, por Alejandro.
Sin embargo, aún no tiene el DNI, ya que se encuentra en pleno proceso de tramitado. Aseguró que se trata de un trámite “para nada engorroso”, aunque en su caso se demoró porque él no nació en Neuquén y necesitaba otros documentos.
A pesar de eso, el empleado del área de Diversidad Sexual del Municipio explicó que estos cambios se dan a partir de la sanción de la Ley de Identidad de Género, una de las más completas a nivel mundial. No obstante, reconoció que es el resultado del esfuerzo de la militancia y la lucha en las calles del movimiento LGBT.
“El documento es un mero papel, ya que yo soy José Alejandro desde hace mucho tiempo, pero es necesario para realizar trámites y otras cuestiones”, señaló.
La Ley 26.743 de Identidad de Género establece que los efectores del sistema público de Salud, ya sean estatales, privados o del subsistema de obras sociales, “deberán garantizar en forma permanente los derechos” de reconocimiento de la identidad, en consideración de “la vivencia interna e individual del género tal como cada persona la siente, la cual puede corresponder o no con el sexo asignado al momento del nacimiento”.