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"Es un pueblo tranquilo y fue duro para la gente"

Malvina Antiñir, intendenta de Manzano Amargo, sostuvo que el coronavirus cambió el espíritu del lugar de 500 habitantes cuando llegó a ciudades del norte.

Malvina Antiñir está a cargo de la comisión de fomento de Manzano amargo, un pueblo de poco más de 500 habitantes que perdió la tranquilidad en el norte neuquino. La muerte de un hombre en Las Ovejas, a escasos kilómetros, y la amenaza del que el virus ingrese a la localidad mantuvieron activa a la jefa comunal, que depende en forma directa del gobierno provincial.

—¿Cómo está el pueblo con esta pandemia y los vaivenes económicos?

En un lugar bastante crítico. Nosotros, al ser comisión de fomento, dependemos mucho del Ejecutivo provincial. La situación hoy en Manzano Amargo está siendo bastante compleja. Hemos maximizado casi todos los recursos que tenemos y, además, al tener un funcionamiento comunal reducido, debimos parar muchas actividades y esto no nos permite desarrollarnos como lo veníamos haciendo.

—¿Qué medidas instrumentaron desde el minuto cero de declarada la cuarentena?

A partir del 19 de marzo decidimos cerrar las puertas y poner todos los recursos para cuidar a nuestra gente. Reforzamos la seguridad y trabajamos de inmediato en conjunto con todas las instituciones. Tomamos decisiones en su momento estrictas para que la gente se pudiera aislar. Por esas acertadas medidas, Manzano Amargo ha venido flexibilizando gracias a la provincia que nos ha dado la posibilidad de hacerlo. Hoy estamos tranquilos, pero no bajamos la guardia.

—¿Cuál fue la respuesta de la gente ante las medidas?

En su momento lo tomó como muy raro y de manera superficial. Trabajamos incansablemente para que los vecinos pudieran entender, porque obviamente que a nadie le gusta que le saquen su libertad y estar preso en su propia casa o en su lugar. También trajo complicaciones en lo emocional de algunas personas, pero con el tiempo lo pudieron entender y llevaron adelante el aislamiento con mucho cuidado, dedicación y respeto.

—Teniendo en cuenta la ruralidad de la población, ¿cómo están los crianceros?

A los crianceros, como a nosotros, los agarró por sorpresa esta noticia del COVID. Muchos de ellos no lo sabían y lo entendieron cuando ya venían bajando con sus animales. Trajimos las pistolas termómetro para que les pudieran tomar la temperatura y muchos de ellos se reían. Muchos nos decían que la vida del campo es sana y comparto totalmente eso, porque la vida del campo es sana y ellos se sentían protegidos en esos lugares, de manera que no les fue tan difícil convivir con esto.

—¿Cuál ha sido el rol del Estado provincial durante la pandemia y los avatares climáticos?

Estuvo muy presente tanto en lo laboral como en lo personal y sobre todo en un momento tan duro, tan crítico y tan sensible que está padeciendo todo nuestro mundo, esta localidad tan chiquita que ha sido muy golpeada económicamente. Sin embargo, estamos de pie presentado batalla cada día para salir adelante junto a nuestra gente.

—¿Se paró la obra pública?

La obra pública en su momento paró porque obviamente estaba toda esta situación, se paró todo, los empleados se fueron a la casa, tuvimos que esperar.

—¿Cómo toman el tema de Las Ovejas, donde el virus ya llegó, estando tan cerca?

No lo esperábamos tan cerca, creo que todos lo esperábamos en el portal de Chos Malal. Ha sido bastante duro para nosotros porque debimos triplicar la seguridad y salubridad. Esto causó mucho pánico, la gente no salía de sus casas, estaba muy preocupada por personas aisladas, Tuvimos seis aislamientos por contacto directo con personas de la localidad vecina.

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