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El hecho movilizó a todos, y los medios nacionales miraron a la tierra de Vaca Muerta con otros ojos.
La Policía tuvo que salir a dar respuestas y a su accionar se sumaron tanto el Ministerio Público Fiscal como la Defensa Pública. El único objetivo de la tensa negociación que duró 10 horas fue sacar con vida al defensor y al condenado y a su cómplice.
Para esta tarea, se firmó un acta de 12 puntos que, vista a la distancia, era algo que no podía avalar ningún funcionario judicial. De todas formas, se firmó y se logró el objetivo de que no hubiera víctimas.
Al otro día, la Justicia volvió a ponerse los pantalones y acusó al hombre y a su cómplice, que quedaron detenidos con prisión preventiva.
Ahora, pensando un poco, se habrán dado cuenta de que la escalada de violencia que se vive en las calles se está replicando hasta en los edificios judiciales. Ya hubo un juicio que terminó con dos tipos a los cintazos y cuchilladas en Neuquén. En Cutral Co, casi matan a una fiscal en un enfrentamiento entre dos familias. Recientemente, la indignación por un femicidio llevó a que los propios vecinos de La Angostura destrozaran la sede judicial y, por último, el defensor tomado de rehén en Zapala.
No hay que ser muy lúcido para ver cómo viene la mano. Ahora, golpean a las puertas de la Justicia y esto, me parece, va a terminal mal si no se toman medidas.