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Un equipo de científicos consiguió implantar cierto tipo de células cerebrales humanas en unas jóvenes ratas para estudiar mejor los trastornos psiquiátricos complejos, como la esquizofrenia, con la perspectiva incluso de probar tratamientos, reveló un estudio publicado en la revista científica Nature. Los científicos implantaron estos tejidos de cerebro humano, llamados organelos, en ratas jóvenes. La edad es importante dado que el cerebro de un animal adulto deja de desarrollarse, lo que habría afectado a la integración de las células humanas.
El trabajo fue encabezado por Sergiu Pasca, profesor de psiquiatría y ciencias del comportamiento en la universidad norteamericana de Stanford. Los científicos pusieron a prueba la buena implantación de los organoides enviando un soplo de aire a los bigotes de la rata, lo que se tradujo por una actividad eléctrica en las neuronas de origen humano, señal de que desempeñan correctamente su papel de receptor ante un estímulo.
Luego quisieron saber si esas neuronas podían transmitir una señal al cuerpo de la rata y es por ello que implantaron unos organoides previamente modificados en laboratorio para que reaccionen a una luz azul. El equipo utilizó finalmente su nueva técnica con organoides procedentes de pacientes con una enfermedad genética, el síndrome de Timothy y observó que, en el cerebro de la rata, estos genes crecían menos rápido y tenían una actividad más reducida que las mismas células procedentes de pacientes sanos.
Esta técnica podría ser utilizada en un futuro para ensayos de nuevos medicamentos. La técnica “lleva a territorio desconocido nuestra capacidad de estudiar el desarrollo, la evolución y las enfermedades del cerebro humano”, coincidieron Gray Camp, del Instituto suizo Roche para la bioingeniería translacional, y Barbara Treutlein, de la Escuela politécnica de Zurich.
La técnica revela algunos dilemas éticos, principalmente el de saber hasta qué punto la implantación de tejidos cerebrales humanos en un animal puede cambiar su verdadera naturaleza. Sergiu Pasca descartó ese riesgo para la rata, debido a la gran rapidez con la que se desarrolla su cerebro con respecto al de un humano y calificó de “barrera natural” el funcionamiento de un córtex de rata, que no tendría tiempo de integrar profundamente las neuronas de origen humano.
En este sentido, destacó el “imperativo moral” de poder estudiar mejor y eventualmente sanar los trastornos psiquiátricos, teniendo en cuenta la proximidad al humano del modelo animal utilizado. “Los trastornos psiquiátricos humanos son ampliamente propios del ser humano. Por ello deberemos reflexionar prudentemente hasta qué punto queremos trabajar con algunos de estos modelos”, precisó Pasca.
Con esta investigación también se presenta un dilema ético: ¿la rata puede cambiar su verdadera naturaleza?
Los desafíos en ciencia y tecnología para Iberoamérica serán debatidos por expertos en la Semana Internacional de Ciencia y Tecnología, que se realizará en la Ciudad de Buenos Aires el 19 y 20 de octubre. En este marco, francés Serge Haroche, Premio Nobel de Física en 2012, expondrá el jueves 20 a las 18 sobre “La utilidad de la ciencia “inútil”: reflexiones sobre la importancia social de la ciencia básica”.
El investigador desarrolló métodos experimentales innovadores que permiten medir y manipular sistemas cuánticos individuales. Además, es un defensor de la importancia de la ciencia básica y suele destacar que la ciencia fundamental, guiada sólo por el interés de expandir el conocimiento humano, es imprescindible para que pueda existir cualquier tipo de desarrollo tecnológico posterior. También habrá disertaciones sobre ciencia y género y educación post Covid.