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Fontanarrosa con F de fútbol

Un futbolero de alma. Hincha fanático de Central, Roberto "Negro" Fontanarrosa vivió sus 62 años -el miércoles se cumplieron diez de su muerte- al ritmo de la pelota. Por sus venas corría sangre canalla y esa pasión la retrató en numerosos cuentos e historietas.

Pablo Montanaro

montanarop@lmneuquen.com.ar

“Yo crecí queriendo ser como Ermindo Onega y no como Julio Cortázar” dijo Roberto “Negro” Fontanarrosa, ese rosarino nacido el 26 de noviembre de 1944 que ya de chico fue un lector voraz de las historietas El Rayo Rojo y Hora Cero; que quedó deslumbrado con el fútbol a diferencia de su padre, que era un fanático del básquet, y que escuchaba los partidos en la radio de un tío. Por eso afirmaba que si hubiera que ponerle música de fondo a su vida, "sería la transmisión de los partidos de fútbol”.

Más allá de haber sido hincha fanático de Central, el Negro fue un hincha del fútbol. Por eso fue reconocido por los simpatizantes de otros clubes, incluso de los de Newell’s. Cuando firmaba sus libros en la Feria del Libro, los lectores no le pedían que se los dedicara a su nombre sino que le decían “soy quemero” o “soy cuervo”.

De esa pasión inexplicable que decía era el fútbol y con ese talento creativo y literario, Fontanarrosa desplegó los mejores relatos de un género del cual podría afirmarse que ha sido uno de sus precursores: el de la literatura de la pelota. Ese universo futbolero en el que también salieron y salen a la cancha Roberto Santoro, Osvaldo Soriano, Juan Sasturain y Eduardo Sacheri.

En su fanatismo por este deporte y, sobre todo, por Central -pisó por primera vez el Gigante de Arroyito a los 10 años en un partido contra Tigre-, encontró el germen y explotó la inspiración para dar rienda suelta a las mejores historias que relató en numerosos cuentos, a través de una prosa basada en la observación de lo cotidiano, de las emociones y de los gestos mínimos de esas intensidades con que los hinchas viven cada minuto de un partido, de esas historias y destinos de fullbacks y wines siempre bien tirados contra la raya. Y todo con un talento en el que combinaba la palabra precisa con el humor.

Puro fútbol. En su literatura homenajeó a la barrera, al penal, a los entrenadores y al folclore futbolero.
Puro fútbol. En su literatura homenajeó a la barrera, al penal, a los entrenadores y al folclore futbolero.

De su extensa obra futbolera se destacan la novela El área 18, cuentos como "Memorias de un wing derecho" -la historia de un olvidado jugador de metegol-, "La barrera", "¡Qué lástima, Cattamarancio!", "El pichón de Cristo", "La pena máxima", "Relato de un utilero", "Defensa de la derrota", "Escenas de la vida deportiva", entre otros.

En su literatura homenajeó a la barrera, al penal, a los entrenadores, hinchas y a todos los que integran el folclore futbolero. Todo ese universo lo desplegó de manera notable en el libro Puro fútbol.

Uno de los cuentos que más recuerdan los lectores, especialmente los de Central, es “19 de diciembre de 1971” incluido en Nada del otro mundo. El título evoca la fecha en que el conjunto rosarino dirigido por Ángel Labruna le ganó 1 a 0 a Newell's en cancha de River con un gol de palomita de Aldo Pedro Poy. Ese partido que el Negro siguió nervioso y transpirado por televisión en blanco y negro se convirtió en uno de los más famosos del fútbol. Allí reflejó la tensión que había en la ciudad por ese partido, lo que significaba la victoria o la derrota, y a ese simpático personaje, el viejo Casale, al que Fontanarrosa y sus amigos secuestran para llevarlo al partido, ya que nunca lo había visto perder un clásico al equipo canalla y era el amuleto para conseguir el pase a la final del torneo que luego ganaría.

Al igual que Soriano, de pibe Fontanarrosa tuvo la fantasía de ser jugador de fútbol, y luego de unos años deseó haber sido Poy, por eso una vez confesó: “Entrego todo lo que dibujé por ser el autor de la palomita”.

"Rosario Central es prioridad uno. No me vengan con el cumpleaños de mamá. Yo me voy a la cancha. Eso es innegociable”. "Cuando me probé en Central, jugué 20 minutos y me dijeron 'te llamamos', pero nunca me pidieron el número. Ahí me avivé que el fútbol no era lo mío”."Algunos intelectuales serios habrán ocupado sus horas leyendo a Tolstoi mientras yo leía El Gráfico”."De los jugadores que más recuerdos me traen están el Gitano Juárez, Kempes, Poy y Palma".

Fue reconocido por hinchas de los otros clubes, incluso por los de newell's.

Un ex jugador de Newell's que se hizo su fiel lector

“Prefiero leerte antes que ver un partido” fue, quizás, el máximo elogio que recibió Fontanarrosa de parte de un tal Jorge Valdano, ex jugador de Newell’s y campeón del mundo de 1986. “El Negro conocía la argentinidad del fútbol y fue un filósofo de la argentinidad; lo que ocurre es que en lugar de darnos consejos nos hacía matar de risa”, lo recordó Valdano.

Legado, la última canallada

Mientras enfrentaba la enfermedad neurológica que lo llevó a perder el control de parte de su cuerpo, en enero de 2007 el entonces presidente de Rosario Central le propuso a Fontanarrosa diseñar un logo o símbolo que el primer equipo rosarino llevaría en su camiseta durante el torneo Clausura de ese año. El resultado fue un hincha “cuya fuerza pueda estar en la línea y la expresión. Como detalle, tal vez identificatorio, la lengua del hincha es, asimismo, un corazón, como corresponde a los hinchas que sufrimos alentamos con el corazón en la boca”, explicó. En la carta dirigida a los hinchas de Central, el dibujante aclaró: “Me doy por muy bien pagado al haber sido distinguido con la posibilidad de crear un símbolo para acompañar a nuestros colores”.

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