Neuquén > En busca de hábitos saludables, expulsados de los lugares públicos y más conscientes de lo perjudicial que es para la salud el tabaco, cerca de 700.000 personas dejaron de fumar desde el 2009 en el país.
El cigarrillo dejó de ser una ostentación de belleza, éxito y glamour para pasar de a poco a ser un hábito mal visto. Y para ello colaboraron las últimas leyes y ordenanzas que prohibieron fumar en espacios cerrados.
Ya nadie vuelve de una salida a un bar con ese fuerte olor a tabaco, sino que a pesar del frío los fumadores salen a las veredas para poder saciar su necesidad. O lo hacen en esos pequeños lugares con techos de plástico que diseñaron los locales comerciales y que ubican a las personas que fuman al fondo, en la vereda o casi escondidos de la mayoría.
Los resultados, recientemente conocidos, de la Encuesta Mundial de Tabaquismo en Adultos 2012 en el país indicaron que el 48,6 por ciento de los fumadores hicieron un intento de dejar de fumar en el último año.
Esto representa un mayor interés en dejar de fumar comparando con la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo 2009, cuando el 43,5 por ciento había referido haber hecho un intento.
“La población de la Argentina, y grupos poblacionales especiales, dejaron de considerar aceptable el fumar y el fumar socialmente, y compartir espacios con humo de tabaco. Por suerte se entendió que el inhalar humo como un contaminante es una situación inadecuada, inapropiada para la salud”, describió el doctor Gustavo Zabert, especialista en tabaquismo.
Igualmente esta disociación no está comprendida de igual modo entre las personas de distintas clases sociales. “Está muy dispar este concepto entre distintas condiciones educativas, sociales y económicas”, expresó Zabert.
“La gente que más consume en Argentina es la gente de menos recursos, las poblaciones más vulnerables que tienen menos acceso a la salud. Estas personas tienen menos reconocimiento de que esta situación es perjudicial para su salud y que no debe ser una conducta normal. Por eso en esas poblaciones el fumar se mantiene como moda”, explicó el especialista.
Por su parte, la referente del Programa de Tabaquismo de la provincia, Beatriz Dinia, destacó la importancia de entender que fumar es una “cuestión seria”. “Hay que tratar de trabajar la pauta social, fumar no es un placer, no es un moda, sino una adicción que trae innumerables problemas, y esa es la cuestión básica. Poder entender que el humo del cigarrillo enferma, no sólo molesta”, explicó.
Dinia coincidió en opinar que se disminuyó la cantidad de fumadores y consideró que es porque se está entendiendo más el daño que implica fumar.
“Hoy podemos decir que no es verdad que haya que fumar para mantenerse delgado, como se decía antes o se veía en muchas publicidades, sino que el cigarrillo estéticamente también te perjudica”, aseguró.
Por qué se deja
Zabert comentó que en poblaciones educadas, con más recursos, con accesibilidad de la salud, los motivos para dejar de fumar son variados. Entre ellos imitar a pares, que un líder de un grupo social genere una política de no consumo de tabaco en un ambiente genera que las personas estén condicionadas a hacerlo, explicó. “Si en una empresa un gerente decide que no se fume, toma una conducta que genera un efecto y a la gente que es consumidora le genera la disyuntiva de salir afuera mientras trabaja o quedarse en el ambiente laboral”, ejemplificó.
El director regional para Latinoamérica de Global Bridges, institución en alianza de salud para el tratamiento del tabaco, destacó además que actualmente es muy común ver parejas jóvenes que no fuman en sus domicilios porque quieren el bien de sus hijos. Saben que el tabaco dentro de su casa perjudica la salud de sus niños y deciden dejar de fumar.
“Pensar en el futuro genera expectativas para dejar de fumar, y también muy importante es la presión social. El hecho de que el consumo de tabaco sea una conducta no deseable hace que las personas se persigan a sí mismo al prender un cigarrillo como si estuvieran siendo discriminadas”, describió el médico, quien aclaró que eso también genera conductas de dejar de fumar.
“Yo no quiero ser la única entre cinco amigas que voy a una reunión y tengo que salir afuera a fumar un cigarrillo y vuelvo”, explicó.
El olor a cigarrillo en el cuerpo, en la ropa, lo que dice de eso un nieto o un hijo son todas motivaciones muy importantes para el fumador, señalan los especialistas. Así lo confirma Susana Biafore, de 65 años, que el amor por los nietos fue lo que le dio el último empujón para poder dejar de fumar. “Fumé 47 años, hace 8 meses que dejé de fumar. Tomé la decisión porque iba a conocer a mi nieta y quería hacerlo sin humo. Aunque a la anterior también se lo había prometido y no pude, esta vez lo tenía que hacer”, comentó la mujer que fumaba dos paquetes por día y cuya técnica fue bajar a 10 cigarrillos y luego dejarlo del todo.
“El hecho de tener una vida plena y saludable con actividad física también son motivadores para dejar de consumir tabaco”, agregó Zabert.