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Fútbol y religión, sus dos grandes amores

La delgada línea entre la pasión y la vocación.

Neuquén.- Siempre reconoció que fue un “patadura” pero que el fútbol le encantaba. Sentía una gran pasión por la pelota, pero sabía cuáles eran sus limitaciones. En más de una oportunidad reconoció que siempre terminaba en el arco: “Para no moverme, era mi papel”.

Pero en general disfrutaba más mirando cómo se jugaba bien al fútbol. Sintió ese placer desde que era un chico y su papá lo llevaba a la cancha para ver a San Lorenzo.

La hinchada gritando, los nervios en cada jugada, los festejos de los goles y los jugadores abrazados cuando terminaba el partido eran postales únicas e irrepetibles que quedarían para siempre guardadas en su memoria.

¿Y la verdadera vocación? Jorge Bergoglio -ahora papa Francisco- asegura que no siempre lo que a uno le gusta le va a marcar la vida para siempre.

“Cada uno de nosotros tiene un lugar en la vida. Jesús quiere que uno se case, que forme una familia; quiere que otro sea sacerdote, otra monja… Pero cada uno de nosotros tiene un camino en la vida”, le explicó en una oportunidad a un grupo de chicos que lo interrogaron como si fueran periodistas. “Yo estaba en una familia, éramos cinco hermanos, éramos felices”, relató.

Recordó que en sus épocas de niño la felicidad era plena. “Mamá y papá nos ayudaban a seguir adelante, en la escuela, y también se preocupaban por nosotros. Es muy bonito, muy bonito”, rememoró casi emocionado. Y por este motivo, les dijo a los jóvenes que vieran a la familia como una “hermosa vocación”.

Dijo que durante su infancia no pensó nunca en la religión y que jugaba y hacía travesuras como todos los chicos y que recién cuando era un adolescente sintió esa cosa extraña llamada vocación.

“Un día sentí -pero de repente-, tenía 16 años y sentí que el Señor quería que yo fuera un sacerdote. ¡Aquí estoy! Soy un sacerdote. Esta es la respuesta”, les dijo a los adolescentes.

Explicó que ese amor especial es similar al que tienen dos personas cuando se conocen y se enamoran. “Cuando un chico siente en su corazón simpatía y luego la simpatía continúa, y siente amor por una chica y luego se hacen novios y luego se casan, así se siente en el corazón cuando el Señor dice: ‘Tienes que seguir el camino para ser sacerdote’. Y así lo sentí yo. Como se sienten las cosas buenas de la vida. Porque es bueno”.

Sin embargo, más allá de la vocación por la religión, no es un secreto que para Francisco el fútbol es otro gran amor. Tanto lo siente que hasta para los sermones o reflexiones utiliza metáforas deportivas para ilustrar sus palabras.

“Jesús nos ofrece algo más grande que la Copa del Mundo. ¡Algo más grande que la Copa del Mundo!”, dijo en una oportunidad. “Jesús nos pide que lo sigamos toda la vida, que seamos sus discípulos, que juguemos en su equipo”, destacó en otra.

Por este motivo, sus dos pasiones siempre se terminan fundiendo en una sola. Y el eco de la pelota se siente en la enorme sala de la iglesia, y el esfuerzo por seguir adelante ayudando a los que más lo necesitan es similar al que realizan los futbolistas para ponerse en las mejores condiciones.

“¿Qué hace un jugador cuando se lo llama a hacer parte de un equipo? Tiene que entrenarse y entrenarse mucho. Así es nuestra vida de discípulos”, remató Jorge Bergoglio, el ahora papa Francisco.

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