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Guillermo Elia - policiales@lmneuquen.com.ar
El acróstico “típico de machirulo” dejó al desnudo la falta de perspectiva de género y el maltrato a las víctimas de abuso que existen hoy en la Justicia neuquina. Defensores de la matrícula dialogaron con LMN y confiaron que es cierto que se hace de todo para ganar, incluso mentir. Ahora, tras el debate, el respeto parece ser el estandarte que se erige para demostrar que todos los actores están a la altura de los desafíos de la época.
Los casos de abuso sexual son extremadamente complejos para su abordaje y tratamiento. Se trata de un delito en el que se sobrepasa el límite del consentimiento de una persona, pero por esto no se puede violar las garantías constitucionales del presunto autor, que son la presunción de inocencia y el derecho a tener una legítima defensa.
El “todo vale”
Salvo en los casos de abuso donde la víctima ha recibido todo tipo de lesiones, en el resto de los casos las estrategias se centran en demostrar la existencia o no de consentimiento.
En medio de la desesperación por hacer zafar a su cliente, los defensores suelen avanzar más allá del hecho, y así hurgan en la vida privada de la víctima, su sexualidad, sus prácticas, su psiquis y sus juntas. De esta forma, buscan generar un estereotipo de la víctima y dejar al acusado en una situación, al menos, de duda.
Esta forma de litigar es la que carece de perspectiva de género y los defensores lo saben, pero la siguen utilizando.
La palabra de los defensores
“‘¿Cuándo fue tu primera vez?’, ‘¿con cuántos te acostaste?’, ‘¿cuáles son tus prácticas sexuales?’. Todo esto no es necesario, hay que empatizar con la víctima y litigar en clave de género y respetando las garantías del imputado”, señaló Celina Fernández, que admite que suelen ser muy salvajes las formas que utilizan algunos colegas.
Sobre los límites, Alejandro Bustamente, explicó: “Los tiene que establecer el mismo defensor. Hasta se puede mentir para sustentar una teoría, y lo cierto es que eso no está penado porque es en el ejercicio de la profesión. Hay que ser criterioso y frenar, y esto se logra con elementos contundentes de prueba que te lleven a un puerto de no responsabilidad”.
Gustavo Lucero sumó: “Es difícil fijar límites en una zona que es gris y muy dinámica y que está supeditada a muchas variables. La víctima tiene la obligación de declarar bajo juramento, el imputado puede incluso mentir y le está permitido, y esto afecta el discurso de las partes. También está sometido a la estrategia de las partes y lo que cada litigante puede expresar como buena o mala fe procesal”.
Para Nahuel Urra, “uno se excede cuando se mete en lo personal de la víctima, y eso es lo que debemos evitar. Se va más allá de los límites de una litigación cuando uno se aparta del sentido de la búsqueda de la verdad y la ley y afecta los sentimientos de la persona”.
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