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La pandemia primero y la invasión rusa a Ucrania después provocaron, en términos económicos, que el crecimiento disminuya y la inflación aumente. En términos humanos, que los ingresos de la gente disminuyan y las penurias aumenten.
Así describió el panorama global la directora gerenta del FMI Kristalina Georgieva en una intervención que hizo el miércoles para la Fundación Carnegie. Pero la mandamás del organismo fue más allá y aseveró que “el virus continúa propagándose y podría producir variantes aún más contagiosas o, lo que es peor, más letales, causando nuevos trastornos y profundizando la divergencia entre los países ricos y los pobres”.
También refirió que, por primera vez en muchos años, la inflación es un peligro claro y presente para muchos países de todas las regiones, lo cual constituye “un enorme revés para la recuperación mundial”.
Esto último no constituiría una novedad para Argentina, una paciente en estado casi terminal en materia inflacionaria, pero que alteraría drásticamente los hasta ahora poco claros intentos de superar la situación por parte del gobierno de Alberto Fernández.
En un informe divulgado este viernes por el Departamento del Hemisferio Occidental del FMI se abonan los peores temores: la inflación a escala global seguirá en aumento a causa del incremento del costo de los alimentos y del precio del petróleo.
El FMI identifica cinco economías “emergentes avanzadas en Latinoamérica” (Brasil, Chile, Colombia, México y Perú, claramente excluye a Argentina de ese club) para las cuales vaticina un aumento de la inflación del 0,2%. El dato parecería risueño a la luz de la galopante inflación argentina.