“Padres lejanos”, el reality social español filmado en Villa Pehuenia-Moquehue, terminó de grabarse ayer después de un mes de intenso trabajo. Durante ese lapso, 12 personas, entre padres e hijos, atravesaron diferentes instancias para mejorar sus relaciones.
Neuquén > Sobre la importancia que tiene la familia como núcleo principal de crianza de un niño se han basado los estudios de todas las ramas psicológicas tanto alternativas como “oficiales”. Cuando las funciones sociales de la estructura familiar no funcionan como debieran hacerlo (y no se habla de género sino de roles), los problemas comienzan a surgir. Y eso fue lo que los creadores del docu-reality español “Padres lejanos” pretendieron mostrar: los problemas de las jóvenes generaciones comienzan en sus padres.
Ayer, luego de un mes de intensas grabaciones, terminó la filmación del primer producto de este tipo realizado en el municipio de Villa Pehuenia-Moquehue. La iniciativa de diez capítulos de ochenta minutos cada uno que llevaron adelante la productora española La Competencia junto a la local 40 Producciones (que ya realizan “El Conquistador” en Esquel y “Hombre al Agua”, entre otros) comenzará a emitirse en España durante mayo, mientras que en el país sólo podrá verse a través de Internet.
“Padres lejanos”, a diferencia de los reality shows que comúnmente se ven en el país y en los que prima el espectáculo por sobre lo que fuese la base real en sus inicios (“el mostrar la vida de los participantes tal cual es”, según afirma el semiólogo brasilero Fernando Andacht), tiene una fuerte base social en tanto pretende influir en la vida de sus protagonistas. En esa misma línea de productos que plantean una bisagra a la hora de de construir la televisión, hay otros programas que están basados en los conflictos de adolescentes con drogas (“El Campamento”) o en la crianza de los niños recién nacidos (“Súper Nannys”).
De este modo, la producción española se propuso fortalecer las relaciones entre padres e hijos con diversos conflictos en sus relaciones (participaron 6 duplas) a través de una aventura de trashumancia, en la que los protagonistas trabajaron arreando ganado caprino alrededor de todo el recorrido del Circuito Pehuenia que comprende los lagos Pulmarí, Aluminé, Ñorquinco, Nompehuen y Moquehue. A diferencia de los reality por eliminación, el producto español mostrará cómo esas relaciones van mejorando a lo largo del recorrido. Mientras que el final de la aventura fue la venta, este fin de semana, de todo el ganado arreado en la Fiesta Tradicional de Moquehue. Este fin de semana, el programa terminó en la Fiesta Tradicional de Moquehue en la que los chicos vendieron todo el ganado arreado y lo repartieron en partes iguales. Es decir, no hay un ganador único sino que la ganancia fue una “recompensa económica para que aprendan la importancia del trabajo y de la responsabilidad sobre algo. El valerse por sí mismos”, según informaron desde la producción.
El reality
La inversión total fue de tres millones de pesos y la conducción estuvo a cargo de Manuel “el Cordobés” González, un torero muy conocido en su país que también tuvo problemas de crianza debido al abandono de su padre, otro famoso torero español, durante la infancia (ver aparte).
“Con `Padres lejanos´, quisimos significar que tú puedes tener a tu hijo a tu lado y que haya una gran distancia de todos modos entre los dos, por eso no tiene que ver con una distancia física sino más bien emocional. Entonces, el programa se enfoca en esos padres. El mensaje fundamental es no culpar lo que no hemos sido nosotros capaces de reconducir en nuestras vidas. Y muchas veces esos conflictos comienzan desde los padres no desde los chicos”, destacó el Cordobés.
Los protagonistas, jóvenes de entre 17 y 26 años, pasaron junto a sus padres un mes por diferentes puntos geográficos del denominado Circuito Pehuenia realizando tareas de ganadería (específicamente arreo de ganado caprino), algo completamente distinto a sus vidas en España. Esa “desterritorialización” los dejó vulnerables al contacto obligatorio con su núcleo familiar cercano y eso implicó casi la obligatoriedad de tratar los conflictos.
“Desde la producción hemos intentado buscar personas con problemas que pueden servir como ejemplo: fueron problemáticas relacionadas al consumo de drogas, a la violencia física, pero sobre todo a la verbal y a la indiferencia. La idea es dar el ejemplo de recuperar los valores normales de la vida: que aunque haya problemas de trabajo, de crisis, lo que de verdad nos mantiene unidos es el cariño y cuando luchamos en la misma dirección, todo se hace más fácil”, agregó el Cordobés, que alterna su tarea de conductor con la de torero.
Asimismo, desde la producción aseguraron que el lugar elegido influyó mucho en los resultados obtenidos que arrojaron números positivos. “Elegimos el Circuito Pehuenia por su variedad de paisajes. En 130 kilómetros, hay mucho cambio de paisajes y no hay otro lugar que registre eso. Queremos que éste sea el primer estudio de la Patagonia en donde los productores puedan rodar a bajo costo y con grandes ventajas territoriales. Queremos mostrar la villa al mundo”, destacó Ariel de la Puente, gerente técnico de 40 Producciones.
La narración
De este modo, el programa combina tres formas narrativas en una sola: por un lado y como parte fundamental, el tema del reality. Es decir, la filmación de esas cosas que sucede en el instante de filmación. Por otro, el documental, ya que al ser un escenario móvil -la filmación pasó por el Paraje Lonco-Luan, por Kilka, por el lago Pulmarí, el lago Ñorquinco y finalmente por la población de Moquehue- se documentó el recorrido de todo el circuito y será una forma “educativa” de mostrar la villa a los europeos.
Por último, pero también algo fundamental que atravesó todo el producto, el tema del sistema de “coaching” (entrenamiento) que implicó el seguimiento de las duplas a nivel personal y grupal durante toda la filmación. En casa, uno de los campamentos que montaron (Lonco-Luan, Kilka, Pulmarí, Ñorquinco y Moquehue), los participantes realizaron diferentes trabajos psicológicos, tanto grupales como individuales, y cada pareja se fue colocando un puntaje, de acuerdo a lo mejorado en su relación con su padre o madre respectivamente.
“Lo innovador de estos realitys –comenzó Ignacio Massau, psicólogo argentino que participó del programa- es que hay una especie de coach con sucesión de intervenciones y se muestra qué es lo que va sucediendo. En los primeros programas se vieron cosas muy intensas. En primera instancia, se dieron cuenta que estaban haciendo todo mal, muy mal. Y eso fue chocante porque se enojaban entre ellos, se enojaban con nosotros, pero después comenzaron a hacerse responsables de sus actos y se fue revirtiendo la situación”.
“Recuerdo –acotó a modo de gracia el Cordobés- que de una sesión de psicología se disparaban griteríos a decibeles insospechables y yo creo que los pájaros que habría alrededor y todos los animales salieron volando. De seguro que ahí no habrá animales en los próximos dos meses. Además, los chicos se impresionaban en cómo los gauchos mataban para comer, pero no se veían a ellos mismos tratarse con violencia”.
“Como contraparte, también hubo momentos muy lindos. En las puntuaciones empezaron poniéndose un puntaje de 0, 1 o 2 y terminaron con un 7, 8 y hasta 9. Además, el objetivo ha sido cumplido porque superaron los niveles de afectividad. Tuvimos un caso muy lindo, de una madre e hija que cumplieron juntas el sueño de la madre: andar en un velero. Esa fue una de las parejas que más creció y, como las demás, aprendió los parámetros que tienen que seguir el resto de sus vidas cuando se acabe el arreo y la aventura. Lo fundamental siempre fue que recuperasen su lazo afectivo. Nosotros no hicimos otra cosa que juntarlos”, concluyó el Cordobés. (G.W.)
“El Torero”
Manuel “el Cordobés” González es un famoso torero madrileño hijo del mítico torero Manuel Benítez con el mismo apodo. Sin embargo, su padre nunca se hizo cargo de él y su historia familiar es conocida en España. Por eso, al recibir la invitación, González no dudó en aceptarla.
“Mi padre también era matador de toros y nuestra lucha, con mi madre, siempre ha sido pública en Madrid. Por eso, además de conductor, mi intervención es para ayudar a que estos jóvenes vean que pueden cambiar, que se pueden llevar bien, de que recuperen los valores esenciales de los seres humanos como el cariño, el respeto, el no ser egoístas, demostrarles que poniendo de su parte pueden conseguir muchas cosas y que aprovechen esta oportunidad para recuperar sus vínculos familiares.
En mi caso, la “salvación” fue mi profesión que marcó mi vida y me alejó de muchas cosas que pasaban delante de mío. Y sobre todo, la presencia de mi madre y defender su postura con la elegancia y el respeto hacia quien fue mi padre aunque nunca haya estado. Por eso, quizás mi ejemplo de vida pueda darle ánimos a esos chicos. Yo me quedé solo y luché. Quise demostrarles a esos chicos que ellos deciden cómo quieren que sean sus vidas en cada momento y que volviesen a recuperar la ilusión de compartir”, destacó el Cordobés.
¿Cómo fueron los resultados? “Realmente muy buenos. Empezaron poniéndose un puntaje que comenzaba en los cero puntos y no pasaba los tres. Sin embargo, terminamos con muy buenos puntajes, cercanos al ocho, nueve”, concluyó el torero devenido en conductor.
La "Generación ni-ni"
“Cuando me comentaron la experiencia del reality show, inmediatamente acepté. La verdad que trabajar con lo que en España se denomina “Generación ni-ni” (chicos que ni trabajan ni estudian y que abarcan una edad de entre 18 y 26 años) me convocó. Esos chicos son jóvenes que no conocen el valor, el esfuerzo, la recompensa por el trabajo. Tienen desidia, conformismo, muchos presentan adicciones o diversas conductas autodestructivas. Son el resabio de las generaciones post-franquista en la que sus padres se empezaban a revelar contra la autoridad, los límites, las jerarquías, y se fueron demasiado para otro lado. Entonces, esos padres demasiado liberales, no impusieron límites, normas, y no han podido insertarlos en la cultura del trabajo y en pensar en objetivos claros de vida. Quizás, esos padres estaban bien económicamente, y se relajaron con darle todos los gustos a los chicos, y así se fueron criando en ese contexto.
Por eso, en el programa generamos dinámicas muy concretas de trabajo durante los treinta días, con ejercicios psicológicos individuales y grupales, trabajo de campo como el arreo, los campamentos, etc. Todos desafíos para que se superen.
Además, el enfoque me interesó muchísimo, porque por primera vez se entendió que el problema en una familia no lo tiene “el que hace más ruido”, sino también todos los miembros de esa unidad.
Lo importante fue trabajar para que cambien esa actitud. Que piensen que ellos pueden cambiar porque el cambio está dentro suyo. Hubo muchos chicos con problemas de adicción a los que tuvimos que contener más que al resto. Pero al margen de esto, la descontextualización de la persona ayudó a que pudiesen entender que hay otras cosas, además de su mundo pequeñito y conflictivo, hay un mundo más amplio, lindo y digno de verse”.
Ignacio Massau, psicólogo de “Padres lejanos”