En ese entonces, el funcionario provincial que habló bajo reserva con LM Neuquén aseguró que Santana tenía algunos problemas por faltas reiteradas, pero que esperaban las causas penales para poder despedirlo.
Su empleo público se mantuvo en paralelo al desarrollo y crecimiento de la banda, que tiene más de 20 miembros con distintos roles. Si bien las tareas organizativas están en mano de las familias tradicionales, Santana, Robledo, Conejero y Grancara, también se reclutan chicos para hacer el trabajo sucio.
A los jóvenes se los pone en funciones de soldaditos, que son los que avisan si hay movimiento de la Policía en el sector, distribución de droga tipo delivery o pasamano y también los denominados ajustes, que consisten en apretar a algún deudor o vecino que no quiera colaborar a la hora de esconder armas o disparar contra su casa.
Si bien los cabecillas viven en los barrios Gran Neuquén y Belén, su accionar alcanza a varios barrios de la zona, salvo Cuenca XV y toma 7 de Mayo, cuyo sector le pertenece a los Champú. Cada vez que uno transgrede o invade la zona del otro, hay fuego cruzado.
“Una vez pasaron los Santana por Toma 7 Mayo a tirar basura a la meseta, y a la vuelta los esperaron los Champú, los balearon sólo por haber pasado por ahí. Es un nivel de violencia irracional, porque no sólo se pelean por mantener sus negocios sino el terreno o una calle. Así es como mantienen su territorio”, confió un funcionario judicial a LM Neuquén, que en 2014 publicó un informe sobre estas bandas.