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La Justicia de Entre Ríos allanó el convento tras una denuncia por prácticas de torturas físicas y psicológicas a las religiosas que están en claustro. “Encontramos instrumentos de castigo”, confirmó el fiscal de la causa.
La Justicia de Entre Ríos avanza con la investigación sobre supuestas torturas y humillaciones a las monjas del convento de Carmelitas Descalzas de Nogoyá, donde se secuestraron elementos de castigo.
Según la denuncia de un medio local, las religiosas serían víctimas de torturas físicas y psicológicas cuando están en claustro. El informe periodístico detallan las condiciones de vida y castigos intramuros: desnutrición, autoflagelación, uso del látigo y el cilicio, un elemento de tortura del medioevo.
De acuerdo a la información suministrada, si las religiosas se enfermaban o tenían que ser internadas, ningún familiar podía saberlo. Al médico podían concurrir en caso de extrema necesidad. Su ingreso al hospital era de noche, en forma casi clandestina y eran retiradas de la misma manera.
La mayoría ingresó con 18 años al convento, pero hubo algunas que lo hicieron a los 16, por lo cual tuvieron que hacerlo con permiso de sus padres. Tampoco saben lo que pasa puertas adentro sus familiares directos, precisamente por ese pacto de confidencialidad absoluta.