"No fui sólo yo, es a diario el maltrato que recibís", le confesó a LM Neuquén. Hoy, el Centro de Empleados de Comercio inició una campaña contra el maltrato hacia los cajeros, donde la mencionan como caso testigo, aunque no está de acuerdo con la estrategia.
"En su momento, nadie hizo nada", recordó con bronca y contó que lo que pasó la afectó psicológicamente "porque fueron varios meses de maltrato de afuera y de adentro". Afirma que "ni loca" volvería a trabajar en una caja.
La agresión fue en agosto de 2010. No recuerda la fecha exacta pero sí la hora: las tres de la tarde.
Llevaba tres años de cajera y estaba entrando a trabajar. Antes de firmar, la mandaron urgente a la caja 18. Al lado, estaba la 17, la de "prioridad", una de las más conflictivas.
Al ingresar, vio una pareja de jóvenes quejándose porque no los atendía el gerente. Cuando entró al cubículo de la caja, sintió que detrás suyo la misma pareja insultaba al otro cajero. Como estaba de espaldas, no alcanzó a esquivar los golpes. Le pidió al matrimonio enfurecido que la dejaran salir. Al verla, la mujer "me dio un tortazo, una cachetada que no podía creer", relató. Nunca supo el motivo que los enojó tanto. "En ese momento vinieron los supervisores y llamaron a la Policía. Terminamos todos en la comisaría y no me defendieron porque el cliente tiene la razón", contó.
A partir de ese episodio, exigió cambiar de sector. En vez de contenerla, sus jefes le ordenaron trabajar en las cajas conflictivas. Horas antes de Navidad, otro cliente furioso la atacó. Recuerda que se largó a llorar y se la llevaron "como a un delincuente". "Después de eso empecé un tratamiento psicológico y pedí licencia", agregó. A los pocos meses, la despidieron sin reconocer la terapia psicológica y, hasta hoy, está en juicio para cobrar la indemnización.
Hoy se dedica a su familia y tiene pocas expectativas de conseguir otro trabajo. Perdió la obra social sin terminar el tratamiento e intenta, como puede, dejar atrás el episodio que le cambió la vida.
No lo conté antes porque no estaba preparada. Esto sigue pasando y sólo lo puede denunciar el que se fue". Sonia Ferrari
"Algunos no hablan por miedo a perder el trabajo"
NEUQUÉN
Pese a la agresión que sufrió, Sonia Ferrari considera que el maltrato a los cajeros no es culpa del cliente, sino del funcionamiento de los supermercados.
La mujer indicó que la campaña que inició el gremio de mercantiles "no va a cambiar las cosas porque la violencia es por la organización que tienen los que están más arriba".
"Vas al mediodía y tenés dos cajas habilitadas, por eso hay conflicto, pero los cajeros no hablan porque saben que se quedan sin trabajo", explicó Ferrari.
Agregó que "también se pierde el respeto al cajero cuando nos imponen reglas como no más de diez productos y, cuando te enfrentás a un cliente, el supervisor le da la razón".
Recordó que, además de insultos y aplausos por la espera, "fui testigo cuando a una compañera le tiraron con un morrón por dejar pasar a una embarazada". Y confiesa que cuando se quejó, empezó el otro maltrato: "Todos cambiaron de actitud al punto de que, a una cuadra de llegar al supermercado, me dolía todo porque sabía la que me esperaba".
Contó que, cuando acudió al sindicato por una solución, "un tal Fernando me dijo una frase que todavía recuerdo: 'Este es un juego que no estás sabiendo jugar'".