Al tratar el tema de la descalificación, es necesario mencionar que aquello que alguien no tolera en el otro es justamente lo mismo que hay en su vida y no es capaz de reconocer. En muchos casos, el error propio siempre tiene una razón, una causa, una explicación; mientras que en el otro es un motivo de condena.
Una acusación puede ser en realidad una autoconfesión.
Lo cierto es que todos tenemos defectos, incluida nuestra pareja.
Entender este hecho nos permite vivir una vida mucho más distendida y feliz, además de brindarnos una cuota más elevada de tolerancia y comprensión.
Entonces, cuando alguien venga a hablarte mal de tu compañero/a, podrás responder: "Todos tenemos defectos, nadie se salva de ello".
El gran problema en la mayoría de las parejas no es lo que cada uno sabe del otro, lo que hace mal o no hace, sino en realidad lo que no sabe, lo que no ve que puede llegar a lograr. Eso es precisamente lo que los mantiene estancados y enfocados en lo negativo del otro.
Sólo cuando ambos se predisponen a aprender, a crecer, a sanar lo que sea necesario, la pareja ingresa en una nueva etapa de reconocimiento y de consolidación.
¿Qué se esconde detrás de un descalificador? Una persona insegura. Por eso mira a su alrededor en lugar de mirar hacia adentro.
El descalificador no posee capacidad de introspección. En cambio, alguien que desea superarse, en vez de mirar los defectos ajenos, declara: "Tengo mucho que corregir en mi vida, así que no voy a perder tiempo mirando los defectos de mi pareja. Y si soy consciente de alguno, voy a aprender de eso para no repetir lo mismo".
Sólo quien está decidido a avanzar y tiene claro hacia dónde se dirige en la vida puede ser libre de la descalificación.