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La vanidad, según el diccionario, es el orgullo de la persona que tiene en un alto concepto sus propios méritos y un afán excesivo de ser admirado y considerado por ellos. La soberbia, el narcisismo y sentirse el centro de atracción son algunos de los tipos de vanidad que existen. Y éstas se han ido potenciado ahora con las redes sociales. Y en el mundo de la política es un requisito casi sine qua non para lograr llegar a un cargo, más allá de las consabidas preocupaciones por los problemas sociales, económicos y culturales de la ciudadanía.
Vanidosos fueron aquellos que pasaron y vanidosos son los que hoy están. Ahí no hay grieta aunque varios se golpeen el pecho y salgan a criticar o pedir juicios políticos, por ejemplo.
La polémica foto de la fiesta de cumpleaños de la Primera Dama en la Quinta de Olivos, en medio de la cuarentena dura de 2020, es una clara muestra de esa vanidad. Una fiesta sin protocolos a la que tildan de descuido. Un o una vanidoso/a que compartió la foto para decir “mirá dónde estoy” o quizás para alimentar alguna interna en el partido gobernante.
Y en medio de un año electoral, algunos referentes de la oposición queriendo sacar rédito para rasguñar votos de una sociedad cansada de la pandemia, las chicanas políticas y el problema sin fin de no llegar a fin de mes con los ingresos en sus hogares.
Una foto que sigue alimentado la grieta en el país, porque están los que defienden y aquellos que critican, y que no van cambiar de conceptos sino que lo reforzarán, alimentados por quienes consideran la fisura entre los argentinos como un verdadero negocio a seguir explotando.
Veremos en septiembre con las PASO y las generales de noviembre, los efectos de las vanidades.