Pablo MontanarO
montanarop@lmneuquen.com.ar
NEUQUÉN
La mañana del 12 de febrero de 2001, varias familias se enfrentaban como podían con la Policía, que realizaba el desalojo de viviendas del IPVU en el barrio Confluencia. Hasta allí había llegado un cronista y el fotógrafo Rodolfo Garavaglia, de La Mañana del Sur, a quien Ricardo Arias, un canillita de 31 años, casado, con 5 hijos y uno en camino, le advirtió que si lo desalojaban se prendía fuego.
El fotógrafo –actualmente se desempeña en LM Neuquén– observó que cercano al hombre había un bidón con nafta. Presintió que algo podía pasar y esperó pacientemente. La Policía entró al lugar y unos segundos después los efectivos salieron corriendo mientras que detrás lo hacía Arias totalmente en llamas.
“Arias se estaba quemando y me pedía ayuda, y yo lo único que pude hacer, mientras sacaba las fotos, era pedir algo para que lo taparan”, recordó el fotógrafo –conocido en el ambiente periodístico como Barullo–, quien llegó a la redacción del diario con el rollo en el que había registrado cada escena. Arias fue trasladado al Hospital Castro Rendón, donde murió dos días después.
Las imágenes del hombre en llamas quedó grabada en los ojos del fotógrafo, quien aseguró que durante un tiempo estuvo muy mal porque sintió que no pudo hacer nada.
Las imágenes circularon en todos los medios nacionales e incluso del exterior. El dramatismo “de ese pobre hombre en llamas, su cara entre las llamas, la manito en el piso intentando detener la caída inevitable y los policías apartándose” impactaron a la escritora Gabriela Cabezón Cámara, quien trece años después se inspiró para escribir la novela Romance de la negra rubia (Eterna Cadencia).
En la novela, el lugar de Arias lo toma una poeta, explicó Cabezón Cámara a LM Neuquén desde Buenos Aires, porque le era “más útil como narradora”. “Es una novela homenaje, en cierto sentido, pero sólo se parece a lo que efectivamente en la inmolación en ocasión de desalojo”, agregó.
Cuando se conoció la noticia de la muerte de Arias, la violencia estalló en el barrio, centenares de vecinos atacaron la Comisaría 19 con piedras, palos y bombas molotov. La Policía reprimió a los vecinos con gases lacrimógenos y balas de goma. Luego, el gobierno provincial decidió que las 50 casas fueran entregadas a los vecinos del barrio. “Luego del holocausto de Arias que se inmola porque no puede soportar quedarse en la calle, les devuelven graciosamente las casas a sus habitantes. ¿Así que el precio de una vivienda es el sacrificio de una persona?”, reflexionó Cabezón Cámara.
La escritora no conoció a Barullo pero siempre se lo imaginó en ese lugar trágico hace 14 años atrás disparando para tomar la secuencia como si se tratara de un acto casi reflejo “en medio del dolor y horror que debe haber sentido”.
FRASE
“Como reportero gráfico, uno siempre sueña con sacar la mejor foto. Aunque hubo otras, las del canillita que se prendió fuego a lo bonzo fueron las más fuertes que saqué. Fue como hacerle hoy un gol a Barcelona. En un momento estuve frente a este hombre que me pedía ayuda y yo lo único que tenía era mi cámara. Sólo pude gritar que le trajeran una frazada. Después de tantos años, que una reconocida escritora se haya inspirado en esa situación que tuve la oportunidad de retratar me llena de satisfacción”.
Rodolfo Garavaglia
Fotógrafo de LM Neuquén
“La imagen de Arias prendido fuego, muerto, y la posterior resolución de las autoridades de otorgarles las viviendas a las mismas personas que habían desalojado me llevó a pensar en el sacrificio humano como algo que no sólo funciona en la Antigüedad”.
Gabriela Cabezón Cámara
Escritora