{# #} {# #}
Neuquén.- Desde hace décadas, los peces y los cisnes se enfrentan por el alimento en Laguna Blanca. La batalla parecía casi perdida para las aves hasta que se inició un plan de pesca controlada que permitió detectar, esta temporada, la presencia de un alga que podría ser la clave para que los cisnes regresen.
Aunque parezca extraño pensarlo, la laguna nunca tuvo peces. Este cuerpo de agua de 1700 hectáreas ubicado a unos 30 kilómetros de Zapala había evolucionado sin la presencia de estos animales, hasta que la voluntad humana llevó las primeras truchas arcoíris y las percas para formar una verdadera comunidad.
Entre 1943 y 1968 se realizaron las primeras siembras de especies exóticas para el lugar. Las truchas arcoíris se adaptaron con dificultad a su nuevo hábitat, ya que la debilidad de los arroyos afluentes a la laguna no les permitía desovar aguas arriba. Las percas, en cambio, se desarrollaron con más éxito gracias a su posibilidad de desovar en los litorales.
Sin embargo, la presencia de los nuevos habitantes alteró el equilibrio ecológico del espejo de agua, que forma parte del Parque Nacional Laguna Blanca desde 1940. Según explicó el especialista en conservación Daniel Testoni, la llegada de los peces provocó la disminución y hasta la desaparición de varias especies de vegetales acuáticos, como la gambarrusa, que servían de alimento para las aves migratorias que visitan este parque.
Entre las aves se destacaba la elegante presencia de los cisnes de cuello negro, un verdadero ícono para el parque que prefirió migrar a otros cauces de agua donde no tuviera que competir por su alimento. Ante esta situación, el equipo técnico de la delegación regional Patagonia de la Administración de Parques Nacionales inició un proyecto para devolverle el alimento a las aves de la región y ahora celebran la presencia de una importante población de gambarrusas como un signo de recuperación del lugar.
De acuerdo a lo que explicaron los especialistas, se realizó una pesca de control mediante el uso de redes agalleras, con el fin de lograr la mayor disminución posible de las percas que nadan libres en la laguna.
“Las redes agalleras se apoyan sobre el fondo y son retiradas al otro día”, señala Testoni sobre este tipo de pesca pasiva que deja enmallados a los peces.
Las redes se llenan tanto que exigen un delicado trabajo de los guardaparques para conservar las mallas y que sirvan para nuevas pescas, con el objetivo de disminuir la presencia de peces en el agua.
1940 fue el año de creación del Parque Nacional Laguna Blanca, con 1700 hectáreas protegidas.
Hallan un signo de recuperación
Luego de años de esfuerzos con las pescas de control, esta temporada se realizaron monitoreos en distintos sectores de la amplia laguna y se detectó la presencia de gambarrusas, que hacía 15 años que no se encontraban en el lugar. “Este primer signo de recuperación es relevante para la nidificación de aves como el cisne de cuello negro y el refugio de renacuajos y ranas adultas”, explicó el especialista en conservación Daniel Testoni en su informe.
Para los trabajadores del parque, los resultados del monitoreo son una palmada en el hombro que los incentiva a seguir trabajando hasta recuperar totalmente el hábitat natural de la laguna.