Inglaterra. El astrofísico británico Stephen Hawking, que desafió las expectativas de una muerte temprana para convertirse en el científico más popular del mundo, falleció a los 76 años en la ciudad universitaria inglesa de Cambridge.
Hawking, cuyo libro Historia del tiempo, aparecido en 1988, se convirtió en un fenómeno de ventas y lo catapultó al estrellato, dedicó su vida a desentrañar los misterios del universo y, aunque nunca ganó el premio Nobel, era más célebre que cualquiera de los que lo hicieron. Nació en Oxford, hijo de profesores, y murió en Cambridge, dos grandes centros británicos del saber con sus famosas universidades, y fue, en palabras de la primera ministra Theresa May, “una mente brillante y extraordinaria”.
“Estamos profundamente tristes” por la muerte de nuestro querido padre, declararon los hijos de Hawking, Lucy, Robert y Tim, en un comunicado. En Cambridge, las muestras de pesar se combinaban con las de agradecimiento. Las banderas en la facultad Gonville y Caius, en la que fue profesor, ondeaban a media asta y los estudiantes y docentes firmaban el libro de condolencias.
Sus brillantes ideas y su ingenio le hicieron ganar admiradores de todos los ámbitos, mucho más allá de la astrofísica, y se le llegó a comparar con Albert Einstein e Isaac Newton, algo que desdeñaba.
Desafió a los efectos del ELA
Hawking desafió las predicciones de los médicos, que, a mediados de1960 le dieron sólo unos años de vida después de que le diagnosticaran una forma atípica de esclerosis lateral amiotrófica (ELA), una enfermedad que ataca a las neuronas motoras encargadas de controlar los movimientos voluntarios y que lo dejó en silla de ruedas.