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La Muñeca de Gallardo

Gallardo metió mano de nuevo, cuando River más lo necesitaba, y los cambios le dieron resultado.

El manto de sospecha que se instaló en torno al uso del VAR en los partidos de River desvirtuó el análisis futbolero en las últimas semanas y privó del merecido elogio al elenco de Marcelo Gallardo. Y no es justo que eso suceda con el mejor equipo del último lustro, el que el jueves volvió a dar otra verdadera lección de fútbol y carácter en Uruguay al humillar al popular Nacional con un 6-2 histórico, inolvidable.

Y el director de la orquesta en ese baile memorable otra vez fue el Muñeco, quien nuevamente mostró reacción y personalidad para ajustar tuercas cuando semanas atrás el Millo había mermado su rendimiento y el propio entrenador aseguraba: “Estamos irreconocibles”.

Notó en bajo nivel a Pinola, un héroe moderno del club, y lo sacó. Hoy la dupla central la conforman Robert Rojas y Paulo Díaz, por ahora sin fisuras. Además, vio una involución en Milton Casco, jugador clave del equipo, y tampoco le tembló el pulso para sentarlo a su lado y propiciar el ingreso de Fabricio Angileri, que respondió a esa confianza con destacadas performances. Lo mismo que el colombiano Carrascal, que pedía pista y la está rompiendo.

A partir de estos retoques que realizó el entrenador millonario, el equipo dio un giro de 180 grados y volvió a su nivel habitual. Se deshizo con una facilidad asombrosa del elenco charrúa con un global de 8 a 2 y así se metió en su cuarta semifinal de Libertadores consecutiva pasó dos veces: en 2018 a Gremio y en 2019 a su eterno rival).

No vamos a detenernos en la estéril comparación con el Boca de Bianchi. Aquel fue un equipazo y este River de Gallardo también lo es. Entonces, lo mejor será disfrutarlo como en su tiempo al del Virrey de La Boca.

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