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La pandemia recargó de tareas a las mujeres de la región, tanto dentro como fuera de sus hogares. Un 70 por ciento debió dedicar más tiempo a las labores de cuidado, sobre todo las asociadas a la educación virtual de los chicos. Los datos se conocieron a partir de una encuesta que se realizó en mayo de este año, vinculada a dos proyectos de investigación científica sobre las desigualdades en tiempos del COVID.
Esta semana, se difundieron los resultados preliminares del sondeo, a cargo de las investigadoras Verónica Trpin y Romina Schroeder, junto al equipo del Instituto Patagónico de Estudios de Humanidades y Ciencias Sociales (IPEHCS), vinculado al Conicet y a la Unco.
La encuesta se tituló “Mujeres en Pandemia” y se realizó del 3 al 31 de mayo de 2021 a través de Google Forms. Participaron 1621 mujeres, la mayoría de Neuquén capital y el Alto Valle, con residencia en zonas urbanas con acceso a Internet.
Un primer cruce de las respuestas reveló que siete de cada 10 mujeres afrontaron una sobrecarga de las tareas de cuidado con la llegada de la pandemia. En diálogo con LMN, Trpin comentó que las participantes describieron "una imposición de tiempos y espacialidades que se superpusieron, con la virtualización del trabajo y el sostenimiento de la educación de sus hijes, lo que confirma en nuestra región las tendencias que se percibían en estudios a nivel nacional, que siempre están concentrados en la zona metropolitana de Buenos Aires”.
Señaló que, dentro de esa sobrecarga que dejó la pandemia, "lo que más nos llamó la atención tuvo que ver con el acompañamiento de la escolarización, que para muchas mujeres fue un desafío por las carencias vinculadas a la conectividad y de dispositivos como celulares o computadoras”.
Observó que, además de ocupar más horas para asegurar la escolarización de los pequeños, las mujeres debieron afrontar “nuevos aprendizajes, desafíos y prácticas que no tenían incorporados en un contexto de encierro, que fue un hallazgo novedoso de cómo se vivió parte de la sobrecarga, junto a todo el tiempo dedicado a la limpieza del propio hogar y el de otros, como los adultos mayores cercanos”.
La encuesta mostró que el 42 por ciento de las mujeres dedica más de cuatro horas diarias a las tareas domésticas y de cuidado. También evidenció que más de la mitad, el 56 por ciento, afronta esas responsabilidades en forma exclusiva, sin compartir la carga ni con su pareja ni con algún otro miembro del hogar.
Entre las mujeres que participaron del sondeo, un 42 por ciento se identificó como jefa de hogar y un 40 por ciento indicó que no tiene vivienda propia, lo que le produjo trastornos en pandemia por el aumento del precio del alquiler o la imposibilidad de renovar el contrato.
Trpin contó que también incorporaron preguntas en la encuesta en las que colaboraron “colectivos feministas, de pueblos originarios, migrantes y LGTTB, que son los cruces que nos restan hacer”.
Anticipó que, “en una segunda etapa de análisis, vamos a hacer cruces con las variables que incluimos en la encuesta” para determinar si la pandemia tuvo un impacto distinto en alguno de esos colectivos.
En principio, en esta etapa, encontraron que, del total de participantes, el 13 por ciento se identificó como descendiente de un pueblo originario, en su mayoría mapuche, y el 10 por ciento se reconoció como parte de la comunidad LGTTBIQ+.
Además, nueve de cada 10 mujeres respondieron que la violencia de género se agravó con la pandemia y un 60 por ciento declaró que fue víctima de acoso machista, sobre todo en la vía pública, el ámbito laboral o una relación de pareja.
Los primeros resultados de la encuesta “Mujeres en Pandemia” mostraron que una de cada cinco mujeres perdió ingresos con la llegada del COVID y muchas de ellas iniciaron un emprendimiento de ventas por Internet para sostener su hogar. Las investigadoras a cargo del sondeo indicaron que es un fenómeno que se dio también en otras partes del país y ya tiene nombre: “feminización de la economía social”.
La encuesta reveló que el 19 por ciento de las mujeres perdió parte o todos sus ingresos con la pandemia, así fuera porque se quedaron sin empleo o porque obtenían menos dinero con la misma actividad.
Al consultar cómo hicieron para sostenerse, gran parte de las participantes relató que salió a vender por Internet desde viandas y repostería hasta tapabocas, cosméticos y ropa de catálogo o cursos de apoyo escolar. También empezaron sus propios emprendimientos de fletes o delivery, tareas domésticas y manicuría o masajes.
La investigadora Verónica Trpin explicó que el dato surgió por “una pregunta abierta” que incorporaron a la encuesta y “un 12 por ciento contestó que por primera vez empezó a emprender en este contexto”.
Dijo que las respuestas ratificaron “una tendencia que se venía advirtiendo a nivel nacional en algunos informes de los circuitos de la economía social, donde hubo una feminización de la economía social durante la pandemia”.
Observó que, al detallar los rubros de los nuevos emprendimientos, “aparecen actividades que también están feminizadas, como la elaboración de alimentos, prendas o barbijos, donde las redes sociales fueron una alternativa para esos primeros meses muy duros, porque estaba restringida la venta directa en espacios al aire libre.”
Acotó que, al hablar sobre este punto “con personas a cargo de circuitos de huertas y agricultura urbana para autoconsumo o venta, también nos dicen que fueron muy demandados los kits de semillas con la pandemia, que son tendencias novedosas y una variable a considerar en nuestros proyectos de investigación”.