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Los que no pueden leer podrían confundirlas con una pajarera. Pero aquellos que leen, lo saben. Esas pequeñas casitas de madera colocadas sobre un poste llevan un gran cartel que reza "Libros libres", y son la puerta de entrada para decenas de historias atravesadas por un hilo común: el amor a la lectura.
Desde hace cuatro años, los integrantes de la Comisión Directiva de la Biblioteca Hugo Marcelo Berbel, de Villa Florencia, se dedican a mantener y alimentar las cajitas de Libros Libres. Son pequeñas urnas donde se depositan títulos que tienen como misión llegar a la mayor cantidad de lectores posibles. ¿Y cómo lo logran? Cada ejemplar tiene un mensaje que invita a los neuquinos a llevarse el libro, leerlo y volver a depositarlo en esa o en otra de las siete cajas que habitan la ciudad.
En un universo dominado por las pantallas, los libros de papel tienen que rebuscárselas para llegar a un par de ojos que recorran sus páginas con avidez. Por eso, Miguel Savone, director de la biblioteca, se propuso que los propios ejemplares abandonaran su posición cómoda en los estantes para salir, por su cuenta, a buscar a los lectores. Y lo consiguen. Una y otra vez.
El proceso es simple. Cada miembro de la Comisión Directiva tiene a cargo una cajita. La limpia, la repara, y la alimenta con libros nuevos, en base a la colección de la propia biblioteca y los muchos ejemplares que reciben a modo de donación. Después, cada cajita de Libros Libres inicia su vida propia. "Muchos lectores se llevan los libros, los leen y los devuelven, y hay otros que los ven dañados, los reparan y los vuelven a dejar", dice Miguel sobre las urnas que pueblan la ciudad.
Aunque las mentes más contaminadas podrían pensar que una caja con libros liberados es una pura tentación al vandalismo, desde la biblioteca aseguran que son más los que protegen este refugio para la lectura. Así, muchos seres anónimos se animan a limpiar y a dejar, ellos mismos, sus donaciones para mantener la cajita siempre llena. Otros, en cambio, se llevan los libros para siempre, pero los regalan o los entregan para no enjaularlos nunca.
"El libro que tenés en tu manos es un libro libre dejado al azar en un espacio público para que inicie su camino independiente por las calles del barrio Villa Florencia y por todas las casas que él vaya decidiendo (otro barrio, otra ciudad, otra provincia, otro país) por eso te pedimos que, luego de leerlo, lo vuelvas a liberar en otro espacio público para que siga su camino", se puede leer en el mensaje que estampa cada libro liberado.
Cuando Miguel suelta a los libros de sus jaulas, les imprime ese mensaje junto con un sello que impide su venta. Es que los libros liberados no son mercancía sino una propiedad colectiva de todos los lectores de Neuquén, y del mundo, y reclaman no descansar nunca en una biblioteca o un anaquel. Los libros libres circulan.
Después de cuatro años de dejar que los libros remonten su vuelo, Miguel fue testigo de innumerables historias que se tejieron a través de la lectura. En cada ejemplar, él deja un mail de contacto para recibir las impresiones de los lectores, y así se entera de las anécdotas detrás de cada encuentro entre lector y libro. También atiende los pedidos, y nutre las cajitas con los autores más esperados por los peatones que abren las urnas.
"Así me enteré que a los adolescentes también les gusta la poesía", dice Miguel, que cada lunes, miércoles y viernes se dedica a visitar las cajas para reponer el material y mantenerlas en buen estado. "Algunos me escriben y otros ya me ven y me conocen, y así me piden lo que quieren leer", relata.
Hace poco, dejó "Guitarra Negra", un libro de poemas escrito por el músico Luis Alberto Spinetta. "Lo encontró un adolescente de 14 años, que era fanático del Flaco pero nunca se hubiera imaginado que él también escribía poemas", recuerda Miguel.
Como si fueran citas a ciegas, Miguel deja libros pensados para cada perfil de lector. "Me escribió una chica que estudiaba para ser Contadora, y nunca había leído una novela", dice y agrega: "Le dejé una novela policial de una escritora argentina que es ideal para los jóvenes, y le encantó".
Dentro de las cajitas se pueden encontrar los títulos más variados. Clásicos populares, literatura religiosa, poemas y hasta joyas de ediciones viejas nutren la vida de estas pajareras. Un estudiante de Historia, por ejemplo, se encontró por casualidad con un libro de tapas duras: era una edición mexicana de 1966 que ya no se consigue en las librerías y que era fundamental para su carrera. Así, los libros libres prometen cientos de sorpresas.
"Dejo de todo, y también recibo, a veces aparecen pilas de libros abajo de las cajitas", asegura Miguel, que toma esas donaciones espontáneas y las selecciona: algunos de esos títulos son liberados, otros se ganan un lugar de la biblioteca de Villa Florencia y hay otros que viajan hacia el interior, para alimentar la lectura en otras bibliotecas.
La casilla de correo electrónico y el propio cuerpo de Miguel, que suele sentarse a leer en el río, se convirtieron en la caja de resonancia detrás de esas historias que se tejen en torno a los libros. Muchos le cuentan qué autores les gustaron más, qué textos tienen ganas de leer, o qué ejemplares tienen ellos que pueden liberar.
La interacción de los neuquinos con las cajas también le dio origen a alguna historia de amor. "Una vez, un chico me preguntó por una chica que había visto sacando libros de la cajita; era alguien que yo conocía así que, con permiso de ella, le di su contacto de Instagram", afirma el bibliotecario y remata: "Después de eso se conocieron y hoy son pareja".
Si bien la pandemia redujo de manera abrupta el ritmo de intercambios, los libros siguen viajando libres por la ciudad gracias a esta iniciativa. Por eso, desde la Biblioteca ya piensan en instalar otras siete cajas repartidas por los barrios de Neuquén. "Vamos a dejar una en Progreso y otra en el centro a pedido de dos comerciantes, que se comprometieron ellos a cuidarlas", asegura Miguel.
Las únicas premisas detrás de esta propuesta parecen ser la literatura y la libertad. Por eso, no hay reglas escritas que establezcan el modo de interactuar con los libros libres. Sólo se trata de atraparlos, pero por poco tiempo. Hay que aferrarse a ellos, inundarse en sus historias, dejarse llevar por sus páginas y luego soltarlos. Liberarlos de nuevo para que, en su propio vuelo, hagan volar a otro lector.