Cuando se habla de la importancia de los bosques, hay que tener en cuenta que son más que una masa verde. Son reservorios naturales que brindan servicios culturales, económicos y ecosistémicos como la protección de los suelos y el agua y también la fijación de carbono, rol muy necesario en la lucha contra el cambio climático.
Una de las mayores amenazas de los bosques son los incendios forestales y, en consecuencia, nosotros mismos, pues se estima que más del 90 por ciento de esos incendios se originan por acciones humanas.
En 2012, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el 21 de marzo como el Día Internacional de los Bosques. Mediante esta celebración se buscó alentar a los países y a sus ciudadanos a adoptar iniciativas en favor de la protección y la conservación de los bosques, además de su recuperación y regeneración.
Este año la fecha se conmemora bajo el lema “bosques y salud”, precisamente porque los bosques son claves para la seguridad alimentaria y la nutrición: no se puede lograr una buena salud sin una buena nutrición.
Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), entre 1990 y 2020, se perdieron dos tercios de la superficie forestal de América Latina. La tasa de deforestación se ha ido reduciendo. Entre 2010 y 2020, América Latina y el Caribe tuvo una tasa neta de pérdida de superficie forestal promedio anual de 2,6 millones de hectáreas, lo cual representó la mitad respecto a la década anterior.
En la Argentina, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable estimó que, entre 1998 y 2021, la pérdida de bosques nativos fue de cerca de 7 millones de hectáreas, una superficie similar a la de la provincia de Formosa.