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“Se prohíbe la entrada a los corruptos, a los coimeros, a los que solo hablan de política, a los tira pálidas, a los ladrones y a todos aquellos que laboriosamente se empeñan en amargar nuestra existencia”, escribió en una hoja a cuadros Nati Ciccioli y lo pegó en la puerta de ingreso a la habitación en la que dormía con sus hermanos.
Un día como hoy, pero de 1994, la advertencia de Nati no funcionó y todos esos personajes oscuros irrumpieron de golpe y le arrebataron su vida. Comenzando por su raptor, siguiendo con la Policía que no quiso recibir la denuncia ese mismo 16 de enero, la Justicia que tardó tres meses en tomar la causa y la política que no quería marchas para evitar dar una mala imagen al turismo.
Hoy se cumplen 29 años de su desaparición y no hay una sola pista de nada.
“¿Qué le pasó a Nati? No sé, me agoté la piel pensando y analizando qué pudo haber pasado”, arrancó contando Mirta Acosta, mamá de Nati, para luego entregar la teoría más atinada, lógica y cruda: “Un hijo de puta la agarró, la violó, la mató y enterró el cuerpo para que no lo descubran. Eso es lo que yo siento como mamá, siento que Nati está por acá cerca”.
Con los años, Mirta y su esposo Miguel Ciccioli que falleció en febrero de 2018, tuvieron que reconstruir el hogar y sostenerse mutuamente.
Mirta lleva casi 30 años surcando una dolorosa experiencia, pero de alguna forma que solo ella sabe, logró controlar su sentido de realidad, lo que no la exime de poder imaginar qué hubiera sido de Nati.
La vida de su hija está resumida en una caja en la que nos sumergimos para intentar saber algo más de Nati, a sabiendas que a sus cortos 12 años tenía todo por hacer y explorar.
En el interior se observa rápidamente la presencia de la mítica pantera rosa en versión peluche. Hay una cámara de fotos pocket que se ganó Nati en un concurso de poesía por el día de la tradición.
“Llegó a casa y recuerdo que me dijo que tenía escribir una poesía para el concurso y yo le dije que ahí no la podía ayudar. Ella se fue sola a la habitación, se sentó en su cama con su carpeta y a la media hora salió con el poema escrito. Con ese poema ganó el certamen y la cámara de fotos. Estaba recontenta”, recordó Mirta con su ronca voz.
Luego, viene un golpe bajo para Mirta que descubre una suerte de tarjeta hecha con la hoja de un cuaderno a rayas.
“Mamá: en este día tan especial te quiero saludar con un fuerte abrazo. ¡Feliz día!”, reza la tarjeta que le entregó en el último día de la madre.
Hay varios recuerdos más, entre ellos un cartel hecho con doble hoja canson blanca “Mami, feliz cumple”, dice con letras grandes pintadas con varios colores.
También descubrimos una oración a la Madre Teresa de Calcuta que leyó hasta el cansancio antes de volverse atea. Hay varios casets, fotos de marchas, carteles de la maratón y algún que otro documento de la causa.
Y tras revolver en esa caja nos encontramos con lo obvio, no hay certezas de qué hubiese sido de Nati, pero seguramente no quiso ser una desaparecida.
Con el transcurrir de los años, Mirta comenzó a volver sobre sus pasos para revisar qué había sido de la vida de sus otros dos hijos.
“Creo que me di cuenta de un montón de cosas, entre ellas que con Miguel hicimos todo lo que pudimos. Yo sentí culpa, en algún momento, porque creí que los estaba abandonando a mis hijos para salir a buscar a Nati. Mi hijo me dijo que nunca sintieron que yo los había dejado, que era algo que yo tenía que hacer y que ellos también querían que la encuentre. Además, me agradecieron por haber luchado por tratar de encontrarla”, contó Mirta.
Los hijos, que hoy tienen 43 y 37 años, han devenido en padres por lo que conocen en carne propia la vulnerabilidad que genera un hijo y desde ese lugar también acompañan a su madre. Y justamente en ese rol, se encuentran para hablar de los cuidados que hay que tener con los hijos, pero sin fomentarles miedo. “De Nati hablamos y cuando mis nietos me preguntan les cuento. Para ellos, su tía es parte de la historia de esta familia. Una parte muy dolorosa”, detalló Mirta.
Cuando se hurga en el caso de Natalia Ciccioli, además del archivo y de información del expediente se puede observar que se han hecho cosas para mantener la memoria activa.
Las marchas que se hacían todos los años se transformaron en una maratón que tras la muerte de Miguel Ciccioli no se volvió a organizar, pero era un evento sumamente importante para generar conciencia.
Por otro lado, hay dos libros publicados previo a la pandemia que hacen una recapitulación del caso. Uno es “Nati. El tiempo congelado es un laberinto eterno” de Marcelo Impemba y el otro es de Miguel Selser, “Es como una curva que no termina nunca”.
Además, hay un corto que se llama “La brisa” y está muy bien realizado.
Todo esto se ha logrado gracias a la generosidad de Mirta que por Nati abre sus puertas y nos permite pararnos en el umbral de sus recuerdos y caminar por el abismo del horror que solo ella sabe cómo afrontar.
Hoy, Mirta tiene una dura jornada por delante y estará muy bien escoltada por sus hijos y sus nietos. Respeto absoluto ante semejante luchadora.