"El prólogo fue cortito (11 km) pero el enlace fue largo, 170 kilómetros, recién me estoy adaptando a la moto", explicó dejando entrever el esfuerzo y destacando al público que "siempre nos da mucho aliento", afirmó. Su historia tiene el atractivo de la perseverancia y la audacia. Con estos ingredientes construyó su carrera, que hoy lo encuentra frente al máximo desafío por segundo año consecutivo, en esta oportunidad, con una Yamaha atendida por JVO (el año pasado corrió con Kawasaki y terminó en el puesto 27º).
"La moto respondió bien, no la exigimos porque la carrera en serio comienza ahora", comentó.
En cuanto a las diferencias con la máquina anterior, señaló: "Recién le estoy tomando la mano porque apenas pudimos entrenar una vez en una pista de motocross en Carlos Paz. Pero te puedo decir que no patina tanto. Esto la hace menos atractiva para los espectadores, pero hay que ver cómo se comporta en velocidad.
Este año habrá menos dunas, "más chicas y blandas pero igual será un rally duro y difícil", adelantó.
"El Dakar me cambió la vida", sostuvo. "Es una aventura. Otra carrera, la más difícil". El neuquino ayer terminó en la posición 31, que hizo en 7 minutos, a 33 segundos del líder, el español Joan Barreda con Honda. Fue el cuarto mejor argentino clasificado detrás de Kevin Benavídez (Honda), 6º; Javier Pizzolito (Honda), 14º, y Diego Duplessis (KTM), 29º.
El mejor neuquino fue Pablo Copetti, en quads: terminó a 7 segundos del chileno Ignacio Casale y a 2 de Marcos Patonelli (todos con Yamaha). En tanto que en autos, Fernando Bradach y Roberto Corvalán se quedaron con las ganas de probar la Duster en el prólogo del Dakar, porque un accidente cerca de Arrecifes (ver aparte) obligó su cancelación. Tampoco pudo hacerlo Alicia Reina (Catriel).
Lidera el holandés Bernhard Brinke, por delante de los españoles Carlos Sainz (Peugeot) y Xevi Pons (Ford).