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La producción frutícola atraviesa otro tema urgente que se agravó en la pandemia : la inseguridad en la zona rural que obliga a grupos de chacareros a armarse y cuidar las fincas, más allá de las patrullas policiales . Es que el fenómeno gravita por el miedo a perderlo todo, en un escenario donde los que no pueden vender fruta por un año y medio -producto del daño que ocasionaron las heladas tardías del pasado 6 de octubre, tienen que defenderse.
Claro que cada quien lo hace de acuerdo a los costos y la espalda económica. Están los que se juntan en ronda de amigos y familias a hacer los turnos por la noche (sobre todo en época de riego) y las "guardias civiles" , es decir, chacareros armados en defensa de la propiedad privada, disponer a enfrentarse con los delincuentes. También están quienes pueden pagar una seguridad privada, los que tienen garitas y barreras para "policías privados" en las fincas y hasta personas entrenadas en el Ejército, dispuestas a resguardar la tierra del ingreso extraños en las chacras, algo que viene desde hace años, debido a las pocas garantías que hay para esclarecer robos (agronómicos, herramientas y hasta las entraderas a las viviendas) en busca de dinero en efectivo.
El tema de la guardias resurgió con el robo de una camioneta a un dirigente frutícola, en de Cipolletti, durante una reunión de la Federación de Productores de la Fruta de Río Negro y Neuquén. “Esto cansa, no podemos hacer nada y tenemos que salir nosotros a defendernos y nos está sorbepasando. La otra semana le robaron la camioneta a uno de los presidentes (de una cámara) y todavía no se encuentra. Hay llamados de delincuentes haciendo mención a que tienen los vehículos, es una locura lo que está pasando ", resumió el titular esa entidad, Sebastián Hernández.