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Hace tres años, Verónica Mantulak y Javier Issaak Pérez soñaron con una dulzura posible para todos. Y crearon Sabores de Amelie, una fábrica de golosinas artesanales que no deja a nadie afuera: desde su cocina del barrio Belgrano elaboran bombones y tabletas aptas para celíacos, para diabéticos y para pacientes con Alzheimer, a costos más accesibles que los kioscos.
Él, de 32, y ella, de 48 años, se dedicaban al cuidado de personas y despuntaban su amor por la chocolatería como un simple hobby. Todos los productos que elaboraban eran para consumo propio o para convidar a sus amigos y familiares. Fue entonces cuando aparecieron las distintas realidades que aparecen a la hora de consumir una golosina.
“La tía de Vero es diabética, y tenemos otros familiares que también tiene diabetes”, explicó Javier. Por eso, decidieron elaborar una receta que se adaptara a esos paladares sin convertirse en un producto perjudicial para su salud.
“Los chocolates para diabéticos tienen un 90% de cacao amargo, pero siempre recomendamos consumir en moderación”, recomendó el emprendedor. Si bien sus productos no tienen la cantidad de azúcar que suelen incluir las propuestas industriales, los dos apuntaron a crear sabores únicos a través de propuestas más gourmet.
La innovación parece ser parte del ADN de esta chocolatería. Verónica y Javier elaboran productos con sabor a lavanda, con pimienta o sal del himalaya. Y cada sabor trae su propia historia: la lavanda llega de la mano de un querido productor local, y las nueces son los frutos de un viejo nogal que pertenece a la familia de Javier.
“Mucha gente nos lo dice: cuando prueban alguno de nuestros productos, eso los lleva a recordar las emociones de un momento determinado”, dijo Javier, y agregó que el espíritu de su producción se basa en elaborar propuestas novedosas que permitan que todos, sin importar el estado de su salud o de su cuenta bancaria, se den un gusto con una golosina.
Con esa premisa, los dos crearon reversiones originales de las golosinas que se encuentran en los kioscos. Producen sus propios bocaditos de banana bañados en chocolate, y también elaboran MásRock, en homenaje al famoso chocolate con mantequilla de maní, y Nugato, una versión nueva de las famosas obleas.
“En un kiosco, una bananita sale 120 pesos, y nosotros la vendemos a 70”, explicó el emprendedor y aclaró que, si bien sus propuestas son similares a las del kiosco, buscan darle una vuelta de tuerca para proponer otros sabores que sean similares a los del kiosco, pero que tengan el sello de Amelie.
Verónica y Javier también crearon productos aptos para personas con Alzheimer. “Si bien ellos se reconfortan con los chocolates, no pueden consumir mucha azúcar porque los sobre estimula”, dijo Javier y agregó que también pensaron en una receta de bombones de fruta sin TACC, aptos para personas celíacas.
Un sueño posible
Cuando tuvieron que bautizar su emprendimiento, Verónica y Javier pensaron en la película Amelie: una historia ambientada en París que retrataba a una joven soñadora y su cruzada por encontrar el amor verdadero. Como ellos saben que el amor es la base de su proyecto dulce, eligieron ese nombre para darle personalidad a sus tabletas, alfajores y bombones de chocolate.
Con el paso del tiempo, su pequeña fábrica de chocolates comenzó a crecer. Los dos acudían a distintas ferias y, en el marco de la pandemia, las recomendaciones de amigos y familiares les permitieron dar un salto para expandirse. Ahora elaboran más pedidos y se animan a innovar con recetas nuevas.
“Ir a las ferias es muy satisfactorio porque tenemos un ida y vuelta con el público, que prueban nuestros chocolates y nos hacen comentarios”, dijo Javier y recordó un momento especial, que se produjo cuando un empleado de Havanna probó sus alfajores y se sorprendió por la intensidad del sabor. “Nos sorprendió porque nosotros elaboramos todo, desde las tapitas hasta el dulce de leche casero”, comentó.
El crecimiento rápido de la actividad los llevó a convivir con mercadería, productos ya empaquetados y utensilios de cocina en su pequeño departamento de barrio Belgrano. Por eso, su objetivo a largo plazo es invertir más en la actividad para tener un lugar más cómodo donde elaborar los productos y así responder a la creciente demanda de los neuquinos.
Gracias a sus redes sociales y a las constantes recomendaciones, Vero y Javi ya colocaron parte de su producción en el interior de la provincia y en localidades cercanas de Río Negro. Ahora, participarán de la feria Ciudad Emprende, de Hay Producto y de la feria de artesanos que se realizará en Semana Santa en Junín de los Andes, el epicentro del turismo religioso.
Con la empatía como bandera, Sabores de Amelie también pensó en un domingo de Pascuas que todos pudieran disfrutar. Por eso, crearon huevos para diabéticos compuestos por 90% cacao amargo.
También buscan incluir a través de los precios, en un contexto en que las versiones comerciales de estos artículos mostraron una fuerte subida de precios. Por eso, venden huevos familiares a 1200 pesos y hasta elaboraron Kinther, una versión “criolla” del famoso huevo sorpresa a un precio mucho más económico.
“El huevo sorpresa cuesta 1225 pesos en los supermercados, y nosotros hacemos una versión similar, del mismo tamaño, a 300 pesos”, afirmó. “Como apuntamos a que primero nos conozcan, no le sacamos mucho margen de ganancia”, agregó.
Sabores de Amelie es su propia cruzada por buscar el amor verdadero en forma de chocolate, y también su mejor arma para combatir la exclusión, la discriminación y los prejuicios. Como persona trans, Javier muchas veces se enfrentó a los obstáculos en el mundo laboral, pero en este emprendimiento encontró una forma de canalizar sus pasiones con un trabajo que disfruta y que le permite romper otras barreras para lograr que todos se sientan incluidos.
Y a través de sus sabores únicos, de sus propuestas que se renuevan de forma permanente, logran que todos, sin importar la salud o el bolsillo, disfruten de un momento alegre. Y con sabor a chocolate.