El segundo apego que nos daña es el de los errores. Todo el mundo comete equivocaciones. ¿Qué tenemos que hacer con nuestros errores? Secarlos porque, si no se secan, nos atan. Un error fresco es aquel del cual no aprendí nada, razón por la cual sigo repitiendo lo mismo. Cuando uno no aprende de sus errores, está condenado a repetirlos.
Hay personas que viven atadas a sus errores del pasado. Otros les echan la culpa de sus errores a los demás. Otros minimizan sus errores porque creen que estos no les traerán consecuencias. Y otros se sienten tan mal por lo que hicieron, que se colocan en el lugar de víctima para no asumir su responsabilidad. Lo correcto sería reparar el error, corregirlo y seguir adelante. Tanto el exitoso como el fracasado se equivocan por igual pero el primero aprende, mientras que el segundo tiene cualquiera de las actitudes mencionadas arriba.
Y el tercer apego que no nos permite avanzar es transgredir los límites. Cuando conocemos bien un límite, este nos brinda seguridad y fortaleza.
Un límite no es lo mismo que una limitación. Limitación es "no puedo ver", "no lo voy a lograr". Cada lugar tiene un límite y tenemos que respetarlos, pero necesitamos ser libres de toda limitación, de todo apego emocional que nos detiene, porque largo camino nos resta para llegar a la cima del éxito y ver cumplidos nuestros sueños y proyectos.
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