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Sonríe con expresión risueña Princewill Uzoma Odunze cuando se lo consulta cómo se lleva con la comparación con el mítico Usain Bolt, el ya retirado gran velocista jamaicano récord del mundo (9s58c) de los 100 metros y también campeón mundial y olímpico de los 200 mts.
Es que su doblete de oro en las dos pruebas mencionadas en los recientes Juegos Epade que se desarrollaron, para el atletismo en la ciudad de Santa Rosa (La Pampa) continúan alimentando la leyenda que surgió para este chico con genes nigerianos -nacido en Estados Unidos, infancia en Japón y actual residencia en Neuquén-, tras su gran actuación en el Campeonato Nacional U16 que se realizó en Córdoba el mes pasado. Allí, literalmente arrasó a sus rivales en los 200 mts.
Su imagen rematando las carreras lleva al recuerdo del Rayo de la Velocidad nacido en Kingston quien sacaba tanta ventaja a sus adversarios que hasta se tomaba el tiempo para girar la cabeza y mirar a sus rivales. Esto todavía “Prince” no lo hace, pero sorprende cuando cruza solo la meta con sobrada diferencia.
¡Síi!. Leí ese comentario pero: ¿no están apuntando medio alto? dijo en tono interrogativo asumiendo con timidez la comparación que –por el contrario- sus compañeros disfrutan mucho. Como Nahuel Bronzoni quien le tiró un “bien Usain”, cuando el moreno arrasó en su serie de los cien metros prueba que luego ganaría con un tiempo de 11s03c en el Parque Recreativo Laguna Don Tomás de Santa Rosa.
Princewill cierre un gran año porque también brilló con la camiseta de la selección neuquina donde consiguió tres medallas, las dos doradas apuntadas y una de bronce, esta última en los 1° Juegos Nacionales de la Araucanía, que se realizaron en la pista de la Ciudad Deportiva, donde entrena con Diego Sibona.
Hace más de dos décadas que Neuquén no tiene un velocista campeón argentino.
“Obviamente mi meta es alcanzar a Usain, pero me falta mucho sobre todo entrenamiento”, reconoció, salteando en este juego ilusorio que apenas tiene 15 años y mucho por recorrer.
“Representar a la provincia significa mucho para mí porque tengo mi familia, mis compañeros. Es algo grande”, sostuvo tras ganar la prueba reina.
Una marca que lo sorprendió porque si bien esta prueba era un poco defender mi condición de velocista pensaba hacer 11s30c o incluso 11s.40 c, pero salió una buena marca, mucho mejor que en la Araucanía donde estaba un poco mal”, recordó.
En ese certamen hizo 11s29c, claro que una categoría superior compitiendo contra atletas juveniles más musculados con más fuerza para la definición.
“Mi profesor me dijo que no era tan bueno en los 100 metros en ese torneo porque no era muy explosivo y eso lo noté en la carrera”.
“Prince” probó con el fútbol antes de empezar a correr. “De los dos a los diez años lo jugué. Empecé a Japón y cuando llegué a Neuquén, estuve en Patagonia. Noté que era malo, pero como era rápido con la pelota de ahí pasé al atletismo y me gustó mucho”, contó.
En esta disciplina empezó con pruebas de 800 metros por el don para la resistencia que suelen traer genéticamente incorporado los atletas de raza negra pero luego, cuando incursionó en los 300 metros, se sintió muy cómodo.
“Me gustó mucho porque es como que noto que tengo tanto resistencia como fuerza, algo así”, dijo intentando expresarse en un castellano que tiene mezcla de varios idiomas ya que nació en los Estados Unidos y desde, los cuatro años, hasta los diez vivió en Osaka, Japón, país en el que nació su mamá.
En los Juegos Nacionales de la Araucanía, la promesa del atletismo neuquino se tomó revancha y en los 200 metros logró su primera medalla con la casaca verde, con un registro de 23s16c, para quedarse con el bronce no pudiendo repetir el tiempo de la serie en la que había cronometrado 22s02c. una marca con la que se hubiera quedado con el oro. Luego en el Nacional U16 en la pista Mario Alberto Kempes se consagró campeón nacional con un tiempo de 22s.34c.
Odunze dedicó las medallas a “mi profesor Diego que me está entrenando, a mi familia que siempre me llevó a hacer atletismo, y principalmente a mis compañeros que me apoyan. Sin ellos no podría estar compitiendo”, agradeció.
Y también dedica estos nuevos logros a su papá nigeriano ya fallecido cuando él tenía siete años y de quien heredó los genes y el gusto por el atletismo. El hombre arrasaba en las competencias escolares y estaba en la lista de los atletas que podían ser reclutados para trabajar con vistas a los Juegos Olímpicos pero por razones económicas no pudo seguir dedicándose al atletismo.
“Siempre rezo antes de competir y estas medallas son también para él”, dijo visiblemente emocionado sin olvidar a su mamá Yoki concertista de piano quien está superando un cáncer.
“Papa ya falleció. Cuando él tenía 17 años su prueba más fuerte eran los 100 metros, hacia 10s5s. Heredé sus genes. Por ese lado tengo posibilidades para seguir intentando seguir el camino de Usain Bolt”.