Mesías de ladrillos volcánicos en realidad exhibían invento ajeno

Emprendedores salteños reclamaron la potestad sobre un invento que dos rionegrinos presentaron como propio. La idea en disputa es la factura de ladrillos con cenizas volcánicas.
mesias de ladrillos volcanicos en realidad exhibian invento ajeno

Neuquén .- La semana pasada dos rionegrinos presentaron una idea revolucionaria para darle un destino final a los millones de toneladas de cenizas volcánicas expulsadas por el Puyehue y depositadas sobre los perfectos paisajes cordilleranos del sur neuquino y oeste rionegrino.

Según la idea de dos investigadores radicados en la ciudad de Bariloche, el material volcánico podía ser usado para desarrollar ladrillos especiales y destinarlos a la construcción de estructuras. El país en pleno se hizo eco, a través de los medios de comunicación, de la maravillosa idea que permitiría disponer de manera útil el material inerte y evitar así esperar que la degradación  natural hiciese su trabajo, algo que lleva miles de años.

Los arquitectos Marianela Romero Hamsa y Álvaro del Villar, integrantes del programa de emergencia volcánica, patrocinado por la Universidad Nacional de Río Negro y el apoyo financiero del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación, se presentaron como los inventores que salvarían el afectado medioambiente cordillerano.

Pero la situación dio un vuelco inesperado cuando los verdaderos autores de la idea reclamaron la paternidad del asunto.

Siete salteños, que estuvieron 12 años para crear las máquinas que producen esos ladrillos, aseguraron que el asunto fue “una sorpresa porque no nos nombraron, se apropiaron de la idea y ni siquiera dijeron que se fabrican en Salta”.

Gustavo Sorich, uno de los autores de la idea que fue patentada hace un par de años, explicó que el diseño de los ladrillo, denominado sistema constructivo de paredes por ensamble, fue desarrollado en 1999 y pensado para usar las cenizas del volcán Socompa.

El diario, El Tribuno de Salta reprodujo la indignación de Sorich quien a ese periódico explicó que: “fue todo a pulmón. Hoy somos siete las personas, entre las que hay un ingeniero químico de la UNSa e investigador del Conicet”.

Sorich se comunicó por teléfono con uno de los arquitectos que apareció en los diarios como creador. “Me pidió perdón y me dio mil excusas. Después de tanto insistir para hablar con la otra profesional, me llegó un mail de ella pidiéndonos perdón y diciendo que el tema se les escapó de las manos”.

El invento en cuestión tiene sello salteño, recibió el premio Innovar en 2008 y hace un par de años fue expuesto en la feria Baricotec en Río Negro.