Rusia
El concierto era por el Día de la Madre y la sala estaba llena. La pareja de actores desplegaba su talento en el escenario hasta que en un momento el bailarín cayó desplomado. Su compañera en escena, que estaba cantando, lo miraba sin entender qué había ocurrido, pero creyó que era toda una parodia del bailarín que estaba tendido en el suelo y no se movía. Mientras, la platea comenzó a aplaudir y también a reír por el gracioso cierre del número musical, creyendo que era parte de la coreografía, y hasta la cantante pedía ese aplauso para su compañero.
“Khusainov sufrió un ataque cardíaco masivo y murió en el acto, a pesar de los esfuerzos para reanimarlo”. Dimitri Klaskov Director de emergencias
Sin embargo, nada tenía de gracioso ni de coreográfico, y la gente, que siguió aplaudiendo varios segundos más, no se daba cuenta de que R. Khusainov había sufrido un paro cardíaco fulminante que lo dejó muerto en el escenario. Esto ocurrió en la ciudad de Urus-Martan, en la República Chechenia del suroeste de Rusia, y el bailarín tenía 48 años.
La pareja de artistas estaba ejecutando una danza típica chechena y Khusainov se movía enérgicamente por todo el escenario, junto a su compañera, hasta que en un momento, cuando la pieza musical estaba llegando a su final, el bailarín pareció ir perdiendo su equilibrio, hizo algunos movimientos que parecían graciosamente sobreactuados y cayó.
El baile que hacía Khusainov es Lezginka, una danza tradicional de los Lezgins -un grupo étnico en la región del Cáucaso- y es realizado por muchos otros grupos, incluyendo chechenos y cosacos. Con igual énfasis interpretaba la canción Liza Akhmatova, la cantante que rodeó a su compañero en el suelo mientras la audiencia comenzaba a reír por el final. Ahí, Akhmatova pidió un aplauso que Khusainov no se levantó a agradecer.
48 años tenía el bailarín. Khusainov, además, trabajaba como profesor de danzas infantiles. Tenía problemas cardíacos.
Enseguida ingresaron a escena, con desesperación, los demás actores que estaban a un costado y entendieron que algo no andaba bien. Los aplausos cesaron y las risas se transformaron en algunos gritos alarmados de lo que ya era más que visible: el bailarín estaba tendido en el suelo no por elección propia ni por improvisar un paso de comedia.
A los pocos minutos los médicos entraron al teatro y comenzaron a revisar a Khusainov, quien además trabajaba como profesor de danza infantil. Pero ya era tarde: estaba muerto. Luego se supo que, si bien el bailarín tenía algunos antecedentes cardíacos, esto se había tratado de una muerte súbita.