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Cecilia Segovia pesca desde que tiene memoria. Como comenzó a vincularse con las cañas, los rieles y los anzuelos desde que tenía apenas dos años, le cuesta pensar en el primer recuerdo que la vincule con ese universo. En un discurrir por diversas modalidades, hace diez años descubrió la pesca con mosca, y hoy se convirtió en una de las referentes de las mujeres mosqueras en Neuquén.
Tradicionalmente se ata al mundo de la pesca con el universo masculino. Sin embargo, Cecilia lleva toda su vida pescando y asegura que en todos estos años se ha cruzado a muchas mujeres que disfrutan de la actividad. Desde hace una década, cuando comenzó a pescar con mosca, se cruzó a muchas de sus pares en los ríos de Neuquén.
Cecilia nació en San Rafael y a los cinco años se trasladó a Neuquén capital. Oriunda de una tierra de embalses, su abuelo la introdujo desde muy joven en el mundo de la pesca. “Él fue el que me metió el bichito de la pesca, desde muy chica salía con él, nos embarcábamos para sacar pejerreyes”, recuerda.
Como la pesca es una afición que suele heredarse de generación en generación, no es raro que ahora Cecilia comparta sus pasiones con su pareja y sus dos hijos, que también disfrutan de la vida al aire libre, el contacto con la naturaleza y el cuidado del medio ambiente.
En tantos años vinculada con el mar y los ríos, la mosquera generó una fuerte conciencia en relación al equilibrio del ecosistema. Por eso, sólo practica pesca con devolución. Si bien los reglamentos permiten retirar algunos peces, según el tamaño, la especie y la época del año, Cecilia le da una nueva oportunidad sumergiendo a todos otra vez en el agua dulce del río.
“Cada vez que yo devuelvo, es una oportunidad para que otra persona lo pueda capturar, y así se fomenta más la actividad”, detalla la mosquera. Aunque sabe que las normas permiten sacrificar una parte de la pesca, aclara que esa actitud repetida podría generar un impacto negativo en el ecosistema. “Si yo decido sacrificar 3 o 4 y mi compañero también, a la larga se genera un impacto”, reconoce.
Por eso, Cecilia busca el vínculo más amable con el medio ambiente. Elige siempre vacacionar en la cordillera, o lejos de las concentraciones urbanas. Prefiere los campamentos y los viajes cerca de los cauces de agua, donde puede sumergir sus moscas para capturar algún salmónido y devolverlo otra vez a su discurrir acuático. Y en cada paso por la naturaleza, deja el entorno tan intacto como lo encontró, sin basura ni huellas del accionar humano.
Desde que se inició en la pesca con mosca, la mujer se interesó en el atado de las moscas. “Cada mosca difiere según la especie que se quiera pescar, hay moscas para salmónidos, para especies de mar o para pescar dorados en el Litoral”, explica y aclara que ella disfruta de la terapia de armarlas con elementos naturales, como piel de conejo o plumas, o con componentes sintéticos que se fabrican especialmente para el armado.
Con el paso del tiempo, ella encontró en el atado de moscas una salida laboral, y ahora provee a particulares, a guías de pesca y a casas especializadas, que se proveen del talento y la paciencia de Cecilia para armar estos señuelos. “Se trata de imitar la fauna acuática, se hacen larvas, cangrejos, todo lo que se puede encontrar el pez en el río”, detalla.
Como un signo del destino, el hobby que le inculcó su abuelo en la infancia más precoz se convirtió ahora en su medio de vida. Y también en el pasatiempo que la lleva a recorrer distintos puntos de la provincia cada verano y cada fin de semana, cuando llega con sus equipos para enfrentarse al agua en forma pacífica, apenas armada con una mosca y una dosis de paciencia.
“Pesco porque me gusta el contacto con la naturaleza, el ruido del agua y el sol pegándote en la cara”, asegura y aclara que la pesca es una herramienta para aprender a reconocer y valorar todo el entorno que nos rodea, con sus ríos, sus lagos y toda la tierra que nos rodea. “Es una tierra tan noble, que nos da tanto, y que muchas veces está desvalorada”, afirma.
Mujeres que pisan fuerte
Aunque las mujeres mosqueras siempre existieron, la mayor visibilidad de las mujeres en actividades antes ligadas al mundo masculino parece haber puesto a las pescadoras en el centro de la escena. Para ellas, Cecilia y un grupo de aficionadas crearon un grupo especial en Facebook, que se llama “Mujeres mosqueras Kuntur”.
A través de este espacio, un total de 128 mujeres de distintos puntos del país intercambian información, consejos y anécdotas referidos a la pesca con mosca. El sitio sirve también como un punto de iniciación para las mujeres que se acercan con intenciones de pescar.
“Aunque no se puede decir que es un hobby caro, comprar los equipos requiere de una inversión inicial y para eso es mejor estar bien asesorado”, dice Cecilia y aclara que, en muchas ocasiones, las mosqueras más experimentadas prestan sus equipos a las iniciales, con el objetivo de que ellas prueben las cañas y se decidan por aquellas que más les gustan.
Para solicitar información, comprar y vender productos o simplemente vincularse a través de la pesca con mosca, este grupo de Facebook se mantiene abierto a recibir a nuevas participantes. Si bien es cierto que muchas mujeres heredan el hobby de sus familiares, Cecilia anima a todas a probar la actividad para descubrir los beneficios de contactarse con la naturaleza desde otro lugar.
"Cada vez que me encuentro una persona y me pregunta por esto, le digo que se anime, que con probar no se pierde nada”, dice Cecilia y agrega: “Y la verdad es que no se van a arrepentir”. Para ella, la pesca con mosca es un camino sin retorno, que inculca una nueva forma de valorar e interactuar con el medio ambiente.
Si bien Cecilia tiene también un vínculo comercial con la pesca, busca que el grupo se separe de su actividad laboral. Por eso, reserva ese espacio para dar consejos y hasta ofrece clases de atado de moscas, para que las mujeres que se inician en la actividad puedan elaborar sus propios materiales y no tengan que comprarlos.
Este mes, Cecilia y otras seis pescadoras neuquinas participaron de un encuentro en Mendoza que congregó a 21 mujeres aficionadas a la pesca con mosca. Convocadas por la Asociación Mendocina de Pesca con Mosca, se reunieron en Las Leñas para pescar, en grupos y con guías, en los ríos y arroyos de Valle Hermoso.
“Fue muy positivo porque pudimos aprender más de otras técnicas y modalidades más europeas que hace años se aplican en Mendoza y que a Neuquén recién están llegando”, dice Cecilia. Entre otros puntos, valoró la posibilidad de conocer otros escenarios de pesca, con otras características naturales, y las realidades de otras mujeres que tienen distintos orígenes pero una idéntica pasión por la actividad. Y, durante ese fin de semana, todas pescaron algo.