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Mujeres peligrosas: vidas duras al margen de la ley

Seducen, roban y matan. Son tan implacables como los hombres.
Guillermo Elía
guillermoelia@lmneuquen.com.ar
 
Neuquén
Coraje no les falta, astucia tampoco. Es por eso que un día decidieron dejar de estar a la sombra de sus hombres y comenzaron a tomar protagonismo. Ahora están inmersas en cuanta actividad delictiva existe. Saben engañar, seducir, robar, usar un arma, reclutar pibes, estirar droga, venderla y hasta salir a cobrar en forma no muy delicada.
Si bien son pocas las que caen, no son pocas las que están en actividad, aunque la cifra es ínfima respecto de los hombres habituados a vivir fuera de la ley.
Según la Justicia y la Policía, ellas en su mayoría provienen de hogares complejos, donde reinaron la pobreza, el maltrato y el abuso.
 
María de los Ángeles es mechera. Se dedica a robar tiendas. Su mayor virtud es la habilidad de sacar las cosas ante los ojos de todos y sin que nadie se dé cuenta. Para ello utiliza un bolso grande que está recubierto con aluminio para evitar las alarmas. En 2012 cayó por una seguidilla de hechos. La condenaron a 200 horas de tareas comunitarias que nunca cumplió. Su vida marginal siguió: hace diez días cayó en la playa de estacionamiento de Walmart. La mujer había logrado meter dentro de una caja 14 pantalones y una cuchilla, todo valuado en 6000 pesos. Esta vez la Justicia le dictó cinco días de prisión preventiva y, si bien ya recuperó la libertad, por acumulación de causas podría llegar a pasar una temporada en la cárcel.
Silvina Turra, la viuda negra. Con sólo 21 años y un hijo, su historial delictivo es bastante nutrido. Su principal arma era la seducción, así se levantaba tipos a los que después saqueaba. Su racha terminó cuando asesinó a Fernando Padilla en enero de 2014. Desde hacía tiempo venía mezclando alcohol con pastillas y drogas. Eso la perdió. En marzo de este año, horas antes de recibir la pena por el crimen de Padilla, fue detenida por asaltar en una moto a chicas en las calles de Centenario. En la cárcel de mujeres es la presa más rechazada por sus colegas. Recientemente ensayó una fuga que fracasó porque al saltar el paredón se dobló el tobillo y no pudo correr, por lo que volvió a caer.
 
Rosa, madama. Está entrada en años, se tiñe de rubio y viste como una típica vecina de barrio. Administra un prostíbulo clandestino porque la actividad no está regulada en Neuquén. Dice que a sus chicas las cuida como a sus hijas. Rosa lleva anotada en un cuadernito la contabilidad del local. Anota los pases de cada una de las chicas para luego repartir el dinero. Como toda regenteadora, sostiene que va a medias con las chicas que cooperan con unos pesos más para pagar los gastos del prostíbulo. Cuando allana la Policía, Rosa dice que está limpiando el lugar y las prostitutas aseguran que trabajan por su cuenta, tipo cooperativa. Si bien tiene causas por promoción de la prostitución, nunca se las pudieron probar.
 
María mató a su esposo. La mujer vino de Bolivia a Argentina con el sueño de poder darles a sus hijos un abanico de posibilidades que ella no tuvo. Siempre soportó que su marido se emborrachara y la golpeara. Nunca imaginó que tantos años de violencia la convertirían en una mujer asesina. En los primeros minutos de este año, mientras todos brindaban y se abrazaban, ella, en estado de ebriedad y sin frenos inhibitorios, apuñaló y mató a su marido delante de su hija de 9 años. No sintió culpa porque algo dentro suyo reafirmaba que él se lo merecía por todos los años en que la hizo desdichada. Por el crimen hoy cumple con el régimen de prisión domiciliaria para poder criar a su hija. Todo es más difícil pero ya se acabó el maltrato.
Estas mujeres han sabido transitar partes de sus vidas al margen de la ley, algunas por puro gusto y otras obligadas por las circunstancias. Son cada vez más las mujeres peligrosas que surcan las calles neuquinas, pero ya no pasan tan inadvertidas y son tan implacables como los hombres.
 
La afilada inteligencia de las “narco-femmes” 
Neuquén
Las “narco-femmes” de la región pueden seducir a cualquiera pero no comprometen su corazón, porque por encima de todas las cosas están la banda y el negocio. 
Son mujeres que se saben parte de una organización y que cada una de sus tareas es fundamental para que todo funcione a la perfección.
La banda de los Montecino estaba integrada por mujeres que residían en el barrio Trahun Hue de Centenario y en Cipolletti. Hoy todas están presas. Cumplían tareas de acopio, estiraban la droga, hacían pasamanos y también pasaban a cobrar. Algunas de ellas reclutaban a los chicos del barrio y les asignaban tareas de soldaditos, es decir, tenían que avisarles cada vez que apareciera la Policía.
No sólo hay mujeres narco presas. En el oeste neuquino, una veintena opera activamente y mantiene un negocio que resulta sumamente rentable.
La Justicia y la Policía relevaron a varias en las bandas del oeste y de Confluencia. El modo de operar de las mujeres en estas organizaciones que son familiares es fundamental. 
Las mujeres entradas en edad, muchas de ellas ya abuelas, se dedican a acopiar la droga. “¿Cómo vas a sospechar de una jubilada?”, advierte un pesquisa sobre la habilidad en la elección.
Las más jóvenes se dedican a seducir y reclutar chicos que serán los encargados de la distribución y entregas tipo delivery. En algunos casos, son las que pagan con favoreces sexuales a los policías corruptos para que liberen la zona. En tanto, las madres de estas jóvenes se dedican a las tareas organizativas: estiran la droga, la fragmentan, la pesan y la entregan para su distribución.

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