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Las imágenes evocan escenas típicas de películas o series de zombis, donde tres jóvenes, aparentemente bajo los efectos de una poderosa droga conocida como "xilacina" o "tranq", se encuentran en un estado extremadamente alterado. Uno de ellos está sentado, sosteniéndose en el borde de un escalón para evitar caerse, mientras que los otros dos están apenas de pie, con sus manos casi tocando el suelo o sus rodillas. Mientras tanto, un joven desorientado, con un cigarrillo en la boca y una venda en el brazo izquierdo, pasa cerca de ellos, caminando con dificultad.
La xilacina es una sustancia sedante utilizada en medicina veterinaria para sedar animales grandes como caballos y ciervos. Sin embargo, ha comenzado a extenderse en el mercado de drogas ilícitas, especialmente cuando se mezcla con otras sustancias peligrosas como el fentanilo, lo que ha llevado a su apodo de "droga zombi". Esta combinación resulta ser letal y provoca efectos devastadores en quienes la consumen.
Las consecuencias del consumo de xilacina y fentanilo son alarmantes. Los adictos presentan una postura encorvada, y sus cuerpos pueden mostrar graves heridas en la piel, parches de tejido muerto y en descomposición que se infectan fácilmente y, en casos extremos, pueden llevar a la amputación si no se tratan adecuadamente. Además, los efectos secundarios incluyen sedación, euforia, pérdida del conocimiento y amnesia.
Esta problemática alcanzó tal magnitud que la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) ha prohibido la importación de medicamentos que contengan xilacina para uso humano, limitándola únicamente al ámbito veterinario. Las autoridades han intensificado sus esfuerzos para detener el contrabando de esta droga y controlar su distribución, ya que se ha convertido en un grave problema de salud pública, especialmente en lugares como el barrio de Kensington en Filadelfia, Pensilvania, donde es uno de los principales mercados de drogas ilícitas en la costa este de Estados Unidos.