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Un optimismo medido se vive en el sistema sanitario y en las autoridades provinciales tras una semana de señales de un amesetamiento -alto, por cierto- en la curva del coronavirus en Neuquén. La balanza a favor de los pacientes recuperados en vez de los casos activos en toda la provincia, la efectividad de los controles nocturnos para disminuir la circulación vehicular y cierto alivio en las unidades de terapia intensiva con respecto a semanas anteriores condimentan un panorama alentador. No obstante, las juntadas clandestinas siguen siendo un gran dolor de cabeza. Por eso la insistencia en que se deben respetar las burbujas convivientes. Es la clave.
La visita del ministro Ginés González García durante la semana también trajo alivio y respaldo a las medidas impuestas por las autoridades locales, más allá del griterío de un par de antivacunas que acusaban de “asesinos” a quienes daban la conferencia de prensa en Casa de Gobierno el jueves.
Otra imagen que impactó en la semana fue la de las cámaras de frío instaladas en Ciudad Deportiva ante un virtual colapso de las morgues y los cementerios dada la alta tasa de mortalidad del virus en el último mes. Son 50 escalofriantes días consecutivos en los que un neuquino o una neuquina falleció debido al maldito virus. Y muchos de ellos sin antecedentes de enfermedades.
Aunque el amesetamiento es alto y son cautos, desde Salud siguen apostando a encapsular el virus a través del operativo Detectar que se multiplica por los barrios y las localidades con transmisión comunitaria. La relajación en el interior enciende alertas. Es que tanto allá como acá, sin el aporte ni la responsabilidad individual, la tarea se hace cuesta arriba.