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Neuquén: preocupa el aumento del consumo de alcohol en soledad

Aunque ya no se dan las grandes ingestas en reuniones sociales, son más los que beben solos para paliar la ansiedad durante la pandemia.

Las reuniones sociales, los festejos y las previas se habían convertido en uno de los grandes disparadores de la ingesta de bebidas alcohólicas. El binge drinking o consumo episódico excesivo era una modalidad de consumo que había aumentado de manera notable en los últimos años y que parece haber mermado de manera abrupta a partir de la pandemia por coronavirus y las medidas de distanciamiento social. Sin embargo, en este contexto de incertidumbre se nota un aumento en la cantidad de personas que comenzaron a beber en soledad.

Hernán Ingelmo, subsecretario de Ciudades Saludables y Prevención de Consumos Problemáticos, explicó que desde los centros de salud de la provincia llegan informes sobre más casos de personas alcoholizadas, incluso cuando no participaron de previas o reuniones sociales.

"Los equipos de estas organizaciones han transmitido, con preocupación, que se observa un incremento del consumo de alcohol en el contexto actual", dijo y agregó: "Situaciones de angustia y desesperanza, conllevan al consumo asociado para reducir el costo psíquico de estos padecimientos. Históricamente, beber en soledad es considerado como una conducta de consumo de alto riesgo".

Para el funcionario, la bebida en soledad se incrementó al mismo tiempo que disminuyó el consumo episódico excesivo, que se basa en la ingesta de grandes cantidades de alcohol en momentos específicos, que suelen coincidir con encuentros o festejos. Esta modalidad se había convertido en una gran preocupación durante la etapa previa a la pandemia, y Neuquén se posicionaba entre una de las provincias más atacadas por el flagelo.

"En Neuquén el Binge Drinking es una problemática muy extendida", expresó Ingelmo. El estudio de 2017 de SEDRONAR indica que la mitad de los varones neuquinos presentó un consumo episódico excesivo, 53,7% para el grupo 18-24 años y 49,2% para el grupo 25-34 años.

"Estos indicadores expresan que el consumo problemático del alcohol es una práctica cultural arraigada en la población juvenil de la provincia, principalmente en los varones jóvenes -aunque no son el único grupo afectado-, que demanda políticas públicas específicas para su prevención y contención", señaló.

Si bien las medidas de distanciamiento social parecen haber puesto un freno al problema, desde la Subsecretaría informaron que aún es necesario fortalecer las campañas de concientización para evitar que el consumo excesivo se desate después, cuando se flexibilicen aún más las restricciones y las personas puedan volver a reunirse.

"Esta suspensión no será permanente y debemos estar alertas para que cuando vuelvan a reabrir los locales nocturnos y se permitan los encuentros en las casas no se produzca un efecto pendular en el que estas conductas se repitan de manera aun más peligrosa", afirmó Ingelmo.

Para afrontar este riesgo, desde la Subsecretaría se trabaja en encuentro con concejales y el desarrollo de espacios educativos, con cientos de alumnos interesados en aprender más sobre la temática y replicar sus conocimientos en sus espacios de intervención.

Subsecretaría de Ciudades Saludables - Ministerio de Ciudadanía

En agosto la Subsecretaría de Ciudades Saludables y Prevención de Consumos Problemáticos del Ministerio de Ciudadanía presentó el “Curso de Posgrado Virtual en Prevención de Consumos Problemáticos, con eje central en la problemática del Alcohol", a cargo de Carlos Damín, jefe del servicio de Toxicología del Hospital Fernández y presidente de Fundartox, con más de 200 inscriptos. De esta actividad también participa Panamerican Energy y la SEDRONAR.

"Es una acción más que se suma a la Diplomatura en Consumo Problemático de Drogas, en la que participan actualmente 270 personas y de la cual egresaron 150 estudiantes desde el año 2017", señaló Ingelmo.

Para Ingelmo, es necesario tomar acciones concretas, recomendadas por la Organización Panamericana de la Salud, que buscan reducir la carga de enfermedades crónicas no transmisibles que están asociadas al consumo del alcohol. Entre ellas, se incluye la posibilidad de incrementar, mediante impuestos, el precio de las bebidas alcohólicas, con el fin de que sea menos asequibles. También se propone limitar la publicidad, evitar el consumo entre menores de edad y fortalecer la respuesta de los servicios de salud.

"Sigue siendo un desafío fomentar y potenciar una ciudadanía empoderada en hábitos saludables que pueda asumir y transitar las tensiones y sufrimientos que producen las restricciones del movimiento y los contactos sociales que plantea una pandemia como la que atravesamos sin necesidad de recurrir al consumo de alcohol como práctica evasiva de su malestar", concluyó Ingelmo.

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