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La muerte repentina, injusta del reconocido geólogo y paleontólogo Jorge Orlando Calvo, ocurrida este martes, provocó una fuerte conmoción en la comunidad científica. Calvo ha sido un artífice importante en la historia de la ciencia y sobre todo en el descubrimiento de nuevas especies de dinosaurios, tortugas, aves y reptiles voladores en Neuquén y Río Negro.
Fue el primer paleontólogo radicado en la provincia de Neuquén con el objetivo de estudiar los dinosaurios. “Fue un científico explorador, de esos que aman el campo y conocen la soledad de la Patagonia. Allí radicaba su felicidad y realización personal”, escribió su colega Bernardo González Riga quien destacó que la vocación de Calvo no se limitaba al plano personal sino se extendía a proyectos educativos y sociales.
En diciembre supe de su enfermedad (cáncer de páncreas) cuando le hice una nota por la recolección de fragmentos de huevos de dinosaurios saurópodos que estaba realizando, a pesar de su estado de salud, junto a estudiantes de geología en la barda neuquina, más precisamente en el Monumento Natural Parque de los Dinosaurios ubicado en el barrio Melipal. A pesar de todo allí estaba este cazador de gigantes con su pasión y dedicación trepando la barda en su última exploración.
Su partida deja grandes huellas en la enseñanza, en la divulgación. Las mismas huellas que persiguió desde 1987, cuando se instaló en la provincia, para sus importantes descubrimientos. Su presencia marcó un antes y un después para la paleontología en la región. Alguien lo despidió señalando que sus pasos reavivó la llama por ese interés por la paleontología. Su gran proyecto fue la creación del Parque Geopaleontológico Proyecto Dino en Lago Barreales. Ese lugar que hacía viajar en el tiempo para conocer un pasado del que todos formamos parte.