Marcela Altube, esposa del gasista Nicolás Francés, reconstruyó su historia con LM Neuquén y reclamó que los condenados cumplan cárcel efectiva.
Cada 29 de junio, Marcela Altube se queda lo más tranquila posible. Busca colgar la cabeza en otro lugar, para no acordarse de ese fatídico día, y de las ausencias, para hacerse una sola pregunta: ¿qué le queda por aprender de todo esto?, se dice, mientras mira algunas fotos. Han pasado cinco años desde la explosión, el incendio y muerte en la Escuela 144 de Aguada San Roque que le arrebató a su marido, Nicolás Francés, un gasista de 70 años que aquel 29 de junio de 2021 había ido a revisar la instalación de gas de la obra de ampliación del establecimiento.
Con él murieron su sobrino y ayudante, Mariano Spinedi, y días después, la docente Mónica Jara, quien logró salir por una ventana, pero falleció el 12 de julio en un hospital de Mendoza.
Hoy Altube vive en Villa Manzano, en la casa de sus padres, lejos de Neuquén capital, en lo que describe como una etapa de reconstrucción personal. Pero el paso del tiempo no le trajo la paz que esperaba.
"Me duele mucho que la justicia tenga tanta piedad hacia personas que hicieron tantísimo daño. Y no hablo en tono personal de que me mataron a mi marido, sino de que fue una comunidad la que se quedó sin escuela. Fueron niños que quedaron traumados, docentes que quedaron traumados", planteó en diálogo con LM Neuquén.
El 13 de febrero de 2025, un tribunal integrado por los jueces Maximiliano Bagnat, Ignacio Pombo y Lisandro Borgonovo confirmó las condenas para cinco de los seis acusados por estrago culposo seguido de muerte, tras hallarlos culpables en septiembre de 2023.
La causa había destapado una trama de irregularidades en la obra pública con certificados de avance falsificados, contrataciones irregulares y controles que nunca se hicieron.
Para Altube, ese entramado es, paradójicamente, algo por lo cual estar agradecida. "Soy una persona muy agradecida en cuanto a todas las ollas que se destaparon, porque si no, no hubiesen estado los profesionales con la expertise que tiene cada uno en su rubro, atentos a estos detalles, no se hubiera descubierto nada", dijo.
Pero las condenas no alcanzan, insiste. "Hablo de la cárcel efectiva. Porque nuestros muertos ya están muertos. Podés soñar con ese ser amado, pero abrir los ojos y no estar", explicó.
Sobre los pedidos de clemencia por la edad de algunos condenados, fue muy determinante. "Que se contemple la edad para que no vaya a la cárcel porque hay que ser bueno... está bien, pero si sos diabético, llevate la insulina y que la familia te lleve la vianda. La pregunta es si aprendiste algo de todo esto", expresó.
Uno de los puntos que más la indigna es que, durante años, varios de los imputados continuaron en sus cargos dentro de la administración pública, con el anterior y el actual gobierno en un principio.
"Siguieron siempre como empleados del Estado. Es más, en cada audiencia iban y pedían un papelito, una constancia, para justificar en sus trabajos que habían asistido", reveló.
Marcela describió la actitud que percibió de parte de los acusados a lo largo del proceso: un juicio largo y complejo llevado adelante en 2024, donde las familias tuvieron que vivir la horrorosa experiencia de encontrarse de nuevo con las muertes, las pericias y una guerra de testimonios e hipótesis muy incómodas.
"Seguimos jugando a que está todo bien y estos son unos locos que nos están acusando de algo que no sabemos ni de qué se trata". Tampoco hubo, dice, ningún gesto de arrepentimiento. "Nunca hubo un buen día en que pidieran disculpas. Siempre con esa soberbia, esa arrogancia", sostuvo.
Sobre la pandemia, usada como argumento por parte de la defensa para justificar fallas de control en el Estado neuquino, Altube no tiene dudas. "Con o sin pandemia vas a seguir siendo mala persona si sos un mal empleado. Todos le echan la culpa a la pandemia, pero todo el mundo podía hacer lo que tenía que hacer si quería. Siendo funcionarios del Estado, tenían los recursos y los argumentos para trasladarse y solucionar las cosas", dijo.
Por eso, condiciona cualquier cambio futuro a un recambio de responsables. "Esto se puede revertir siempre y cuando no sigan trabajando los mismos involucrados. Tenían control cero, inspección cero. Un desinterés total", deslizó.
En medio del dolor, Altube destacó el sostén que encontró en su entorno más cercano. "Le agradezco a Dios y a la vida el acompañamiento de mi familia, mis hermanos, mis sobrinos, mis viejos, de amigas, amigos, compañeros de trabajo", dijo.
Pero hubo dos apoyos que mencionó especialmente: el del gremio ATEN, que fue querellante en la causa, y el de su abogado. "Quería muchísimo al gremio, a todos y cada uno, por sentir esos abrazos, ese acompañamiento. No hay palabras para describirlo", expresó sobre ATEN.
Y sobre su defensor: "Agradezco muchísimo el acompañamiento jurídico de mi abogado, el doctor Federico Egea, un humano extraordinario y un profesional intachable".
A cinco años de la tragedia, Altube cerró con una reflexión que repite cada 29 de junio:. "La vida continúa y es un día a día. Pero en esto no hay que perderse: uno tiene que esforzarse para ser cada día mejor persona, porque no sirve de nada estar enojado, de mal humor. Primero me perjudico yo, y el resto no tiene la culpa".
Y agregó, sobre quienes hoy esperan el cumplimiento efectivo de sus condenas: "Hay algo que yo tengo y que estas personas no: la conciencia tranquila. Yo duermo tranquila. Esta gente no sé si duerme. No sé si tiene conciencia".