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Cuando conseguir un cigarrillo en Neuquén se convirtió en una odisea

Hace cuatro años, la industria tabacalera se paralizó por las restricciones de la pandemia. Miles de personas dejaron de fumar de prepo.

Hace tan solo cuatro años, fumar un cigarrillo se había convertido en una odisea en Neuquén. En plena pandemia y cuando los casos de COVID se multiplicaban a un ritmo veloz las tabacaleras de todo el país habían cerrado su producción.

La escasez comenzó de a poco hasta que a principios del mes de mayo comprar un atado de cigarrillos de cualquier marca se volvió una tarea imposible.

Los fumadores recorrían las calles de la capital desesperados buscando cualquier marca e inclusive, tabaco y papel para armar cigarros caseros, pero la demanda era tanta que hasta esas materias primas también comenzaron a desaparecer en pocos días.

Los quioscos ponían carteles en la vereda advirtiendo que vendían un solo atado por persona y otros directamente anticipaban que no había nada para vender.

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En todos los quioscos había colas para tratar de comprar cigarrillos.

“Dicen las distribuidoras que una vez que se levante la cuarentena y las fábricas reanuden la producción tienen que pasar al menos 20 días”, explicaban los quiosqueros a los consumidores desesperados que ya comenzaban a sufrir la abstinencia por la nicotina.

Solo algunos fumadores lograron hacerse de un stock importante y compraron varios cartones de cigarrillos cuando el vicio comenzó a escasear. La gran mayoría tuvo que soportar la situación con los dientes apretados.

En forma paralela, en el gobierno crecía la preocupación por la baja en la recaudación que estaba sufriendo al no poder cobrar las grandes divisas que le dejaba la venta de cigarrillos. Estimaban en aquel entonces que las pérdidas se acercaban a los 700 millones de pesos por día, una enormidad para las siempre arcas pobres del Estado nacional.

Lo cierto es que ese tiempo se estiró poco más de un mes, hasta que se instalaron los protocolos en las fábricas y la producción comenzó a normalizarse.

Así, la historia recordará a aquel mayo de 2020 como el mes más saludable; como el pequeño período de tiempo en el que miles de fumadores lograron lo que para ellos era imposible. Dejar el vicio de una vez para siempre. Y obligados por la circunstancia, claro.

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La venta de cigarrillos tardó un mes en normalizarse.

Sin cigarrillos: las fábricas al borde del colapso

Al no ser considerados una actividad esencial ante la cuarentena general por la pandemia de coronavirus, las fábricas están "paradas en su totalidad", lo que afecta a los 10 mil trabajadores que son empleados directamente por las tabacaleras, sostuvo en aquellos días el secretario general del Sindicato Único de Empleados del Tabaco de la República Argentina (SUETRA), Raúl Quiñones.

"La producción nacional llegó a su fin. Lo que están haciendo las dos multinacionales para evitar el desabastecimiento es importar de Brasil y de Chile: eso genera una gran preocupación porque empiezan a entrar en juego las fuentes de trabajo", manifestó.

Y agregó: "Los 8 millones de fumadores empiezan a tener acceso al contrabando, que ha crecido. Y eso acarrea que empieza a tener acceso al cigarrillo el menor de edad, porque deja de venderse en los puntos de venta convencionales".

En tanto, en aquel entonces, desde la Unión de kiosqueros de la República Argentina (UKRA) confirmaron la recepción de denuncias de Chaco, San Juan, CABA y provincia de Buenos Aires por "abusos desmedidos en precios".

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