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Es especialista en micropigmentación, una disciplina poco conocida pero cada vez más demandada en la zona. Su historia y los nuevos desafíos.
A fuerza de prueba y error, Susana Valeria Cruz encontró su vocación en una disciplina que era aún desconocida en la provincia de Neuquén. Aunque le costaba apasionarse por su trabajo como técnica y luego licenciada en instrumentación quirúrgica, absorbió la rigurosidad y la asepsia de las cirugías para volcarse a la micropigmentación y capacitarse en una rama específica: el implante de pigmentos. Hoy, con 12 años de trayectoria, es una de las referentes neuquinas en una técnica tanto estética como reconstructiva.
"Cuando hice mis primeras capacitaciones, en 2009, era algo que no se conocía", explicó la emprendedora sobre una técnica que cada día gana más adeptos y que es demandada también por los varones para mejorar su aspecto o simular, por ejemplo, la pérdida de pelo en las cejas por casos de estrés. "Está creciendo mucho la demanda pero somos pocos los profesionales que lo hacemos, y por eso me llegan consultas de otras provincias y hasta de otros países", relató.
Susana es de Cutral Co y trabajaba como técnica en instrumentación quirúrgica. En un intento por enamorarse de esa profesión, viajó a Buenos Aires para obtener el título de licenciada, pensando que ese diploma le iba a dar "algo distinto". Pero su rumbo cambió casi por casualidad.
"Cuando viajaba en colectivo a la facultad, veía los carteles de formación en cosmetología y pensé en formarme sólo para hacer cosas para mí", explicó a LMNeuquén. Ella, criada entre varones, nunca le había dado demasiada importancia al cuidado estético, pero al mudarse a Buenos Aires se entusiasmó con el cambio que podía hacer una pequeña intervención. "Yo siempre fui muy de pueblo y me gustaba la idea de verme más arreglada", detalló.
Sin embargo, lo que encontró en esas capacitaciones le abrió las puertas a una nueva vocación, donde podía aplicar parte de sus hábitos de higiene y concentración plena que ya usaba en los quirófanos de su ciudad natal.
"Hice cosmiatría y cosmetología y dermatocosmiatría", explicó sobre su formación. "Como yo trabajaba en los quirófanos con cirujanos plásticos, ver el corte transversal de la piel me ayudó a tener otro entendimiento a la hora de implantar pigmento", expresó.
Así, Susana abrió D la Cruz, un gabinete para atender a los pacientes de esos cirujanos que necesitaban tratamientos reconstructivos o posoperatorios. "Por un tiempo trabajé en paralelo entre el quirófano y el gabinete, hasta que me dediqué exclusivamente a los tratamientos", señaló.
En ese recorrido, se especializó cada vez más en la micropigmentación, una técnica que implanta pigmento en una capa superficial de la piel para conseguir resultados estéticos o suavizar daños faciales que se producen por accidentes o desde el nacimiento. Hace dos años, tras forjar su prestigio en la comarca petrolera, se mudó a Neuquén capital, donde busca cosechar nuevos clientes con idéntico profesionalismo.
Aunque Susana está enamorada de su ciudad, hace dos años se instaló en Neuquén capital por un traslado de su marido, que trabaja en una empresa operadora del rubro del petróleo. "La mudanza me costó, porque en Cutral Co era muy conocida y acá tuve que empezar de nuevo", dijo la cosmetóloga, que sigue viajando una vez a la semana a la comarca petrolera para atender a sus clientes que le piden retoques o que ya conocen su trayectoria.
Pese a los miedos, en poco tiempo logró ganarse la confianza de los capitalinos. "Me dediqué a publicar en redes para mostrar lo que hacía. En Cutral Co sentía que no lo necesitaba porque ya todos me conocían", dijo y agregó que, gracias a sus publicaciones, consiguió una repercusión sorprendente.
"Empezaron a venir personas de otras provincias, de Córdoba, de Buenos Aires, vienen también de ciudades rionegrinas cercanas a Neuquén, o de San Martín de los Andes y Villa La Angostura. Eso era algo que no pasaba en Cutral Co", contó. A esos clientes se suman los de otros países, que acuden a su gabinete porque ese tipo de tratamientos tienen costos inaccesibles en el extranjero.
Aunque muchos confunden la técnica con un tatuaje, Susana explicó que se trabaja de otra manera, implantando pigmentos en una capa muy superficial de la piel. Se puede hacer de forma manual o de manera mecánica, con un dermógrafo.
"Por lo general, no es doloroso, aunque siempre depende del umbral de dolor de cada persona", dijo Susana y agregó que en algunos casos, como el de las personas mayores que tienen la piel más fina, se utiliza una anestesia tópica, en crema, para hacer el tratamiento. "Es tan superficial que generalmente no se siente, sólo es una sensación como si te rasparan la piel", aclaró.
En los primeros diez días, el pigmento está fuerte por oxidación propia, por lo que hay que cuidar que la piel se cierre sobre el pigmento. "Se puede hacer vida normal pero la piel se tiene que cicatrizar, por eso hay que lavar las zonas con agua filtrada, mantenerlas hidratadas y no exponerse al sol", aclaró.
Susana explicó que la mitad de los concurren a su gabinete lo hacen por motivos estéticos, mientras que el otro 50% pide intervenciones reconstructivas. La mayoría son mujeres, aunque cada vez son más los varones que buscan tratamientos para cambiar el color de los labios o completar las cejas, tras perder pelo por situaciones de estrés.
"Muchas mujeres con los labios muy claros buscan hacerse el tratamiento para ahorrarse un paso al maquillarse, y también se puede hacer un delineado en los ojos", contó y aclaró que siempre busca acabados naturales, por lo que se toma su tiempo para estudiar las facciones del rostro e intervenir de manera sutil y armónica.
Aquellos que tienen labios oscuros o en tonos más marrones piden la micropigmentación para neutralizar el color. Y también concurren los que buscan dibujar las cejas por la alopecia total, que les hizo perder todo el pelo, o para completar con un efecto polvo en aquellas áreas menos pobladas.
Como se trabaja sobre una capa muy superficial de la piel, el pigmento se pierde de forma paulatina. El color en las cejas dura uno o dos años, mientras que la intervención en los labios o los ojos los deja pigmentados por cuatro o cinco años.
Para Susana, la posibilidad de retocarlos es fundamental para sostener la armonía de las facciones. "Los rasgos de la cara van cambiando mucho, las cejas por ejemplo, porque los músculos, la piel y la grasa se ven afectados con los años y caen", contó sobre la importancia de hacer rediseños para evitar resultados poco naturales.
En cuanto a la terapia reconstructiva, Susana atiende a aquellos que tuvieron modificaciones en los labios por accidentes, los que fueron operados por labios leporinos o que perdieron el pelo por algún tratamiento.
"A todos ellos los atiendo sin costo, pero siempre que tengan la autorización de su médico para someterse a estos procedimientos", explicó la profesional, que se sumó a un médico para iniciar campañas en octubre, durante el mes rosa, para ofrecer este tipo de intervenciones a las mujeres que atravesaron la quimioterapia por cáncer de mama y que también buscan borrar sus cicatrices.
"Si bien no es una carrera universitaria, le dediqué más años de estudio a la micropigmentación que a la instrumentación quirúrgica", explicó Susana, que ya se convirtió en una referente para la zona, por lo que participa en competencias internacionales y acumula horas y horas de capacitación.
Con ese respaldo, decidió comenzar a dar clases en Neuquén. "En mis clases busco transmitir, de manera resumida, todo lo que fui aprendiendo en estos 12 años de trabajo y capacitaciones", explicó.
Aunque la micropigmentación tiene algo de oficio artesanal, en donde la práctica mejora el desempeño, también consideró que es importante capacitarse y trabajar con profesionalismo. "Lo que me quedó de mi paso por los quirófanos fue el hábito de la asepsia, que tengo muy incorporado. Eso es algo que me destacan mucho, cuando ven mi lugar de trabajo y mis instrumentos", aseguró.
"Aunque no se pide tener este tipo de formación para trabajar en micropigmentación, en las competencias, siempre el 50% o 60% de la nota tiene que ver con la asepsia", afirmó.
Para Susana, la micropigmentación es una disciplina todavía en crecimiento. Y aunque le alertaron sobre la posible competencia que podía encontrar en Neuquén capital, entendió que una ciudad más grande y más conectada le abría las puertas a una demanda que se multiplica a diario.
Por eso, también animó a más personas a introducirse en el rubro. "Es una inversión cara al principio, y requiere formación, pero es una especialización muy demandada y con posibilidad de excelente monetización", detalló.