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De su paso como periodista en Neuquén a vivir el interminable conflicto en Israel

Damián Segal es un profesor de tenis que ya aprendió a convivir con la crisis y el miedo. "Israel tiene sed de paz", asegura al analizar la guerra con Irán.

Atrás quedó la Córdoba que lo vio nacer y la Neuquén donde tuvo sus primeras responsabilidades laborales. El destino lo llevó a Israel, un país que parece condenado a vivir sin paz; un lugar que volvió a estar en la mirada del mundo por la reciente guerra con Irán.

Damián Segal nació en Córdoba en 1972. Desde pequeño, la locución y el periodismo fueron parte de su vida, casi como si estuviera marcado por su destino. En su casa, solía grabar programas de radio imitando a los locutores de la época. Esas grabaciones, realizadas con micrófono improvisado y cintas de casete, reflejaban su pasión desde niño por el mundo de la comunicación. Este interés lo llevó a estudiar en la escuela de periodismo y locución de Córdoba, donde cultivó sus conocimientos y habilidades para trabajar en los medios.

"Siempre supe que quería ser periodista," dice Damián mientras rememora esos años de juventud, marcado por la pasión por la radio y los medios de comunicación. "Es algo que siempre estuvo en mi sangre, como una vocación que no se podía evitar."

Al terminar la escuela, en 1994, Damián y un amigo de la universidad decidieron mudarse al sur de Argentina, más específicamente al Alto Valle de Río Negro, una región que Damián terminó adoptando como suya. Su trabajo en LU5 Radio Neuquén comenzó en el área deportiva, donde cubría noticias y realizaba flashes informativos durante los fines de semana. Con el tiempo, fue ampliando su rol, integrándose al área de noticias generales y, más tarde, al sector de policiales del diario local.

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Damián y su pasión por el tenis en el club Independiente de Neuquén.

A pesar de estar muy bien instalado en Argentina, aunque la inestabilidad económica que comenzaba a evidenciarse, empezó a hacerle mella. Fue entonces cuando Damián recibió la noticia de que su familia, sus padres y su hermana, decidían emigrar a Israel en busca de una vida mejor. A pesar de la insistencia de sus seres queridos, Damián decidió no abandonar la Argentina de inmediato. "Yo estaba muy bien en Neuquén. Estaba a gusto, con trabajo, amigos y familia. No veía la necesidad de irme", recuerda. Sin embargo, la situación económica terminó por empujarlo a tomar una decisión crucial.

Fue en 1997 cuando optó por abandonar el país. A pesar de las tentaciones de probar suerte en Estados Unidos, su decisión final fue emigrar a Israel. "No fue que decidí venir a Israel, fue más bien el deseo de salir de Argentina y conocer nuevos lugares, el deseo de cambiar mi vida en Argentina por otro lugar," reflexiona.

Cuando llegó a Jerusalén, su primera parada en Israel, comenzó a estudiar hebreo, buscando encontrar trabajos en el mundo del periodismo. Sin embargo, pronto se dio cuenta de que las oportunidades para los periodistas de habla hispana eran escasas en un país donde el hebreo y el inglés dominan los medios de comunicación. Así que, Damián comenzó a explorar otras opciones. Tras un breve paso por Estados Unidos, donde se dedicó a estudiar inglés, regresó a Israel y decidió diversificar su carrera. Se formó en computación y redes, un campo muy demandado en Israel. Más tarde, recordando su amor por el tenis, decidió obtener su certificado de instructor y comenzó a trabajar como profesor de tenis. Fue a partir de 2013 que su vida como instructor de tenis comenzó a consolidarse, un trabajo que realizaba en las mañanas y en las escuelas de la zona.

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Damián, durante una clase en una escuela de Israel.

"A veces uno se adapta a lo que tiene, pero siempre es importante hacer lo que te apasiona," dice Damián, al reflexionar sobre su carrera profesional. "Cuando me volví a Israel, después de mi paso por Estados Unidos, empecé a dar clases de tenis. Es algo que me gusta mucho, y la gente me responde bien."

Durante sus primeros años en Israel, Damián se casó y formó una familia. De ese primer matrimonio nació su hijo mayor, que hoy tiene 18 años y forma parte del Ejército, como muchos jóvenes que deben cumplir con el servicio militar obligatorio, lo que en estos tiempos, no deja de ser una gran preocupación.

Más adelante, tras una nueva etapa en su vida personal, Damián volvió a casarse y tuvo dos hijos más: un nene de 11 y una niña de 8, con quienes convive actualmente.

A pesar de haber encontrado su lugar en Israel, la paz que Damián había anhelado se vio rápidamente alterada por los conflictos recurrentes en la región. Israel, rodeado por enemigos, vive en una constante tensión. En particular, el conflicto con Irán, que financia y apoya a grupos como Hezbollah, es uno de los más persistentes y peligrosos.

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El conflicto con Irán: Un peligro constante

"La guerra con Irán no me sorprendió," comenta Damián, acostumbrado a vivir permanentemente al borde del conflicto. "Toda la tensión que se vivió con Líbano, Gaza y ahora con Irán, es parte de un juego geopolítico que tiene décadas de historia. Irán siempre ha sido el motor de los conflictos, financiando a sus ‘proxys’, como Hezbollah, y armándolos para que actúen como un ejército de su control. Era obvio que en algún momento íbamos a tener que enfrentar esto."

A lo largo de los años, los ataques provenientes de Líbano y Gaza fueron una constante, pero el ataque de Irán marcó un cambio significativo. Aunque los israelíes estaban acostumbrados a los bombardeos, el carácter de estos ataques es mucho más complejo. "Los misiles desde Gaza o Líbano daban solo 15 segundos de aviso. Aquí en Ramat HaGolan (al norte, cerca de la frontera con Siria), tenemos entre tres y diez minutos de advertencia. Esto puede parecer mucho, pero en situaciones de tensión, esos minutos se vuelven cruciales," explica Damián. A pesar de esta diferencia en el tiempo de alerta, vivir bajo la constante amenaza de misiles sigue siendo aterrador.

En su casa, que no tiene un cuarto de seguridad, Damián recuerda con ansiedad las veces que se ha visto obligado a esconderse, esperando el impacto de los misiles. "La primera vez que tuvimos un ataque serio, mi hijo y yo estábamos en casa. No teníamos tiempo para llegar a un refugio público, así que solo pudimos refugiarnos en el interior de la casa. Las explosiones cercanas se sentían como si el piso fuera a venirse abajo."

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La resiliencia del pueblo israelí

Lo que más impacta a Damián, sin embargo, es la resiliencia y unidad del pueblo israelí. A pesar de las dificultades, los israelíes muestran una fortaleza y un sentido de identidad nacional que pocas naciones en el mundo pueden igualar. "El pueblo israelí es increíblemente fuerte. Cuando hay ataques, todo el mundo se une. La gente olvida las diferencias y se enfoca en lo que realmente importa: la defensa del Estado. No es solo una cuestión política, es algo emocional, algo profundo."

Esta fortaleza no solo se refleja en la unidad durante los ataques, sino también en la disposición de muchos ciudadanos para defender el país, incluso a costa de sus propias vidas. "Después del 7 de octubre, hubo muchos israelíes que estaban de viaje fuera del país y decidieron cortar sus vacaciones y regresar solo para enlistarse en el ejército. En muchos otros países, la gente huye de la guerra, pero aquí la gente regresa para defender a su país," señala Damián con admiración.

Para él, esta identificación con el Estado de Israel es la principal fortaleza del país. "La gente no tiene miedo. Lo que más aprecian es su independencia y su libertad, que costaron tanto de conseguir. Eso no lo van a permitir que se les arrebate."

El pueblo israelí es, según Damián, muy familiar y muy unido. A pesar de la tensión constante, a la gente le gusta disfrutar de la vida, reunirse con amigos y familiares, viajar por el país y disfrutar de la naturaleza. "Israel tiene lugares hermosos, y a pesar de todo lo que estamos viviendo, la gente sigue buscando esos momentos de paz. Es algo que los define: la búsqueda de la paz, la tranquilidad. Todos preferimos vivir en paz, pero cuando no queda otra opción, luchamos hasta el final."

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Junto a sus alumnos, en plena clase.

Israel: la vida cotidiana en tiempos de guerra

Damián describe su rutina en tiempos de guerra como una montaña rusa de emociones. Los días son impredecibles, y la tensión constante es agotadora. "La rutina es tensa. Podés ir al trabajo o salir, pero sabes que en cualquier momento puede sonar una alarma, y tienes que correr al refugio. Es una constante incertidumbre."

En los días que duró la breve, pero feroz guerra, las escuelas estuvieron cerradas y las actividades cotidianas se redujeron al mínimo. Damián, que solía trabajar como instructor de tenis, tuvo que quedarse en casa con sus hijos, jugando con ellos y ayudándoles con clases online. "No había mucho que hacer, así que tratamos de mantenernos unidos, distraídos y tranquilos dentro de lo posible."

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