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Las historias de familias neuquinas -llegadas de la mano del ferrocarril a través de la inmigración a veces europea, entre otras- se entrecruzan y dan inicio a nuevas familias. De esta manera se formó el entramado social de la gran capital de la Norpatagonia. Todos ellos dejaron su impronta que, con trabajo y tesonera tarea, lograron conseguir.
Para los hijos de estas tierras, la narración de historias como la presente nos hace evocar aquel pequeño poblado, devenido hoy en populosa ciudad. Un matrimonio fue protagonista de aquel entonces: Eduardo y Eugenia quienes recorrían las calles de tierra en su Renault 4L con el objetivo de prestar servicios de enfermería.
Don Eduardo Ruiz nació en Pelicura, un pequeño poblado ferroviario cercano a Bahía Blanca. Era hijo de españoles. Estudió enfermería mientras hacía el servicio militar.
Doña Eugenia nació en Bahía Blanca, en donde sus padres, también de origen español, eran comerciantes de ramos generales. Luego su infancia transcurrió en una vecina localidad, Tornquinst. Estudió piano: se recibió de profesora superior y concertista. Además, tenía otro talento: le gustaba tejer al crochet.
Cuando era muy joven, Eugenia se casó con un boticario español de apellido Gómez, desaparecido durante el franquismo. En la década del ‘30 la pareja se fue a vivir a Galicia en donde nacieron sus dos hijos:
Benjamín Antonio “Chulo”, casado con Blanca Flor Cufré, quienes tuvieron dos hijos, Fabián y Javier, les dieron nietos; y María Elena “Chuchi”, se casó con Cladinor Romero. Tuvieron dos hijos, Elena y Edgar, quienes les dieron varios nietos y bisnietos.
Luego de la desaparición de su marido, Eugenia y sus dos hijos regresaron a la Argentina en 1937. Se instalaron en Bahía Blanca, porque allí estaba su madre. Con el tiempo empezó a trabajar en la Clínica del Sur y aprendió el oficio de enfermera. Allí, en la Clínica, Eugenia conoció a Eduardo. Se casaron en 1941.
Como don Eduardo estaba muy interesado en buscar horizontes para él y su familia, se inscribió en una empresa de servicios que venía a esta zona a terminar el edificio del ACA (Automóvil Club Argentino) en el año 1942. Arribó a Neuquén solo sin su familia, aunque, poco después, Eugenia, embarazada de mellizos, se trasladaría a la ciudad en un curioso día de nieve neuquina. Los mellizos nacieron sanos, pero fallecieron al mes porque en esta capital no había leche adecuada para su alimentación.
Superado este duro trance, Eugenia comenzó a trabajar en la Cruz Roja. En efecto, fue una de las primeras enfermeras diplomada de la Cruz Roja Filial Neuquén.
Eduardo ingresó a Salud Pública de la Nación, ubicada en la esquina de las calles Buenos Aires y Alderete, cuando don Freydoz –recordado poblador de estas tierras- era el jefe de esta Delegación Nacional de Salud Pública.
Eugenia fue celadora de Institutos Penales, y por esta razón debió trasladarse a Viedma.
A su regreso se abrió la Sala de Primeros Auxilios en Centenario, y Eugenia, junto con su esposo y el Dr. Natalio Burd, Judith Invierno, Elisa B. de Piedra Buena, Ernestina Cárcamo, Camila G. de Duarte, Eugenio Soldano -hermano de la recordada enfermera María Soldano- fueron el personal inicial de esa institución de la salud.
Para estar más cerca de su trabajo, los Ruiz se fueron a vivir a esa localidad. Allí nació su hija María del Carmen, Marita. Al año siguiente regresaron a la capital y fueron a vivir a la calle Ministro González 465.
A fines de la década del ‘50 Eduardo ingresó como enfermero en la cárcel junto al Dr. Pianciola, entre otros.
Luego, el matrimonio logró ingresar en Salud Pública provincial, cuando funcionaba en la calle Ministro González, mientras que ambos realizaban tareas de enfermeros a domicilio.
Su hija Marita realizó los estudios primarios hasta tercer grado en la Escuela Nº 2, y el resto en el Departamento de Aplicación de la escuela San Martín cuando funcionaba en la calle Sarmiento, entre Misiones y Don Bosco.
Realizó el secundario en la vieja Escuela General San Martín: Promoción 1966 de Bachilleres.
En 1962 conoció a Ernesto Sartori, con quien se casó en 1971. De esta unión nació Gonzalo Ernesto y Sabrina Ariela, los que les dieron cuatro nietos: Camila, Matías, Lucas y Ariana.
Ernesto es hijo de una familia afincada tempranamente en esta capital: su padre, Juan Pedro José Sartori, era hijo del ferroviario italiano Juan Sartori y de Juana Fava. Su madre era Noemí Riavitz, hermana de Rodolfo Riavitz, el impulsor del neuquino Canal 7 de televisión, y de René, pionero del Aero Club neuquino.
Historias del siglo XX que se entrelazan y que volvemos a recordar; que dieron origen a aquella sociedad neuquina y valletana labrada de trabajo y de relaciones sociales hermanadas