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Similitudes en la vida del poeta neuquino y uno de los personajes de la novela de Gabriel García Márquez "Cien años de soledad", que ahora lanzó Netflix.
El poeta colombiano y neuquino, Eduardo Talero, tuvo la suerte de zafar (por muy poco) del pelotón de fusilamiento en la convulsionada Colombia de finales del siglo XIX. Tuvo un destino parecido al del coronel Aureliano Buendía, uno de los principales personajes de Cien Años de Soledad, la novela de Gabriel García Márquez que ahora se estrenó en Netflix.
La serie adaptada a la brillante obra del escritor colombiano tiene muchas similitudes con la vida de Talero porque además está ambientada en la misma época. Las guerras intestinas que se libraron en aquel país entre liberales y conservadores dejaron un baño de sangre a partir de los fusilamientos que se hacían en los espacios públicos. Ocurrió en la vida real y también en la ficción.
Talero sufrió hasta el último momento en Bogotá, esperando una ráfaga de balas. Aureliano Buendía, en la mágica Macondo de García Márquez. Pero la esencia de la historia es similar: una enorme grieta política que se abrió entre colombianos y que llegó a dividir familias enteras. La soledad, el destierro o la muerte eran las monedas comunes con las que pagaban los perdedores de cada revuelta.
Talero lo vivió en carne propia. Su tío, el presidente conservador Rafael Núñez, manejó el país con mano dura frente a las sublevaciones de los liberales (en su mayoría jóvenes). Y no le tembló el pulso ni siquiera para mandar a fusilar a su sobrino, el abogado y poeta de 25 años con ideas progresistas.
Fue su madre Betsabé quién tuvo que viajar de urgencia para pedirle a su hermano que le perdonara la vida de su hijo. Y el indulto lo logró el mismo día que iban a ejecutarlo. La condición fue que se tomara el primer barco y que no regresara nunca más.
Así Talero comenzó un largo periplo por distintos países de Latinoamérica hasta que terminó en Buenos Aires donde el gobierno nacional le ofreció un cargo en la desconocida Chos Malal para acompañar a Carlos Bouquet Roldán en sus acciones de gobierno.
Aureliano Buendía desafío a su suegro, el corregidor conservador y también terminó condenado. Zafaría de la muerte, pero quedaría atrapado en la soledad, una maldición que se repitió en todas las generaciones de su familia.
Ambos personajes de la vida real y de la ficción canalizaron angustias y sueños a través de dos pasiones creativas que los aliviarían de los pesares cotidianos.
Talero escribiría poemas en lo alto de una torre, ya en el destierro, recordando los mejores momentos de su infancia y juventud en su país natal. Aureliano terminaría encerrado en su taller de alquimia, fundiendo metales preciosos y confeccionando pececitos de oro, una fascinación que tuvo desde niño.
Vivencias similares en la realidad y en el realismo mágico. Historias que se cruzaron en la lejana Colombia y que algunas, como la del poeta rebelde, terminaron en la remota Patagonia.