Abel Chaneton persona conocida por su desempeño como intendente y periodista, debió enfrentarse a duros sucesos ocurridos en la segunda década del Siglo XX. Nos ocupa en esta narración su historia de vida familiar debido a que entrevistamos –hace unos años -a uno de sus nietos. Don Abel nació en Córdoba en 1887, era hijo de Pedro Chaneton y de Ercilia Flores Montenegro. A los 21 años se radicó en Chos Malal, el norte neuquino lugar en el que realizó múltiples tareas carpintero, Juez de Paz y telegrafista. Cuando se produjo el traslado de la capital en 1904, se instaló en ella en 1906. Abel se casó en primeras nupcias con Avelina Garrido y de esa unión nacieron Alejandro (quién emigró a Entre Ríos muy joven y allí se casó con la Srta. Urquiza, con la cual tuvieron un hijo Ricardo radicado en Venezuela); y Milton Héctor se casó con María Ester Montiel que fuera padre de Aluminé (China), Adolfo, Milton(Bochin), Juan Carlos (Coco), Héctor (Pelusa).
De las segundas nupcias con Amalia Gómez Salazar, nacida en Córdoba, era hija de José María Zalazar y Cabral casado con Ángela Quinteros Bustos, -nacieron Juan Carlos casado con Blanca Guiñazú, es importante destacar la figura de Blanquita que fue Maestra Normal Nacional, y preceptora de la Escuela San Martín del Magisterio, ejemplo de honestidad, conducta, seriedad; Alberto casado con Celmira Montiveros quiénes tuvieron a Jorge Raúl y Juan Carlos; Aluminé falleció 13 de junio de 1927; Julio casado con Susana Hardy y tuvieron a Carlos Eduardo, Aluminé Amalia y a Eduardo. El 1 de febrero de 1908 fue nombrado presidente del H. C. Municipal de Neuquén. Como administrador municipal implantó los servicios del alumbrado público, recolección de residuos y limpieza de calles, construyó el edificio del matadero municipal y veló por la higiene pública. El 7 de noviembre de 1908, junto con José Edelman, fundó el Semanario Neuquén. En las elecciones realizadas el día 2 de abril del año 1911, fue elegido como presidente del Concejo Municipal. En esta gestión comienzan las tareas de empedrado de la Avenida Argentina y se instaló el servicio de agua corriente por cañerías.
El 4 de mayo de 1913, nuevamente fue reelecto como Concejal de la ciudad, elegido presidente del cuerpo por segunda vez. Por la voluntad de los vecinos ocupó una banca como concejal hasta enero de 1917. Desde las columnas del Diario Neuquén y también como corresponsal del diario La Nación de Buenos Aires denunció el fusilamiento de los presos evadidos de la U.P.F - 9 en el Paraje Zainuco el 30 de mayo de 1916 y la complicidad de las autoridades políticas y judiciales de entonces, por ocultar el fusilamiento. Su conducta estuvo guiada por un estricto sentido de justicia.
Fue el precursor en la Defensa por los Derechos Humanos en la ciudad de Neuquén. Le preocupaban temas como los derechos de las mujeres, las condiciones inhumanas que soportaban las personas privadas de la libertad en la cárcel del territorio. Fue asesinado en el Bar La Alegría –sito en Av. Olascoaga esquina Mitre- el 18 de enero de 1917. Sus restos fueron velados en la redacción del diario Neuquén y depositados en el panteón de la familia Mango, en el cementerio central de la ciudad. El segundo hijo de Abel y Amalia, Alberto, nació el 11 de junio de 1911. Realizó la escuela primaria en la Escuela n° 2. En sus años de juventud trabajó con su padre en el diario familiar, hasta su cierre. En 1937 ingresó a la Justicia, desempeñó funciones en el Juzgado Letrado de Neuquén, designado por el Ministerio de Justicia e Instrucción Pública de la Nación Argentina., allí ocupó diversos cargos. Posteriormente comenzó en la política: fue Diputado Provincial en el primer periodo del Neuquén provincial. Tuvo activa participación en la Biblioteca Alberdi en donde fue reconocida su labor cuando la institución cumplió 60 años. Un rasgo para destacar fue que durante la función pública nunca aceptó utilizar vehículos oficiales y rechazó la jubilación de privilegio correspondiente a su desempeño como Diputado. Se casó con Felinda Celmira Montiveros, hija de Belisario Montiveros y Antonia Olguín. Celmira nació en San Francisco del Monte de Oro el 3 de febrero de 1919. Estudió la Escuela secundaria en la misma ciudad de San Luis en la “Escuela Normal de Adaptación Regional Sarmiento” de donde egresó con el título de Maestra Normal Rural. Celmira fue designada Maestra de 4° categoría en la Escuela n° 101 de Colonia Valentina; también fue maestra en la escuela 125 de calle Roca y Bouquet Roldán. Posteriormente fue maestra de la Escuela n° 2 cuando era director Reynaldo Montiveros, su tío. Trabajó en la Escuela de Enfermería; en la escuela nocturna de calle Perito Moreno; y en la Inspección Nacional de Escuelas. Alberto falleció en 1997 y Celmira en 1998.
Sin dudas que la figura de don Abel Chaneton quedó como modelo de honestidad, de justicia, de defensa de la verdad -hecho que le costó la vida- y en sus descendientes que se aferraron a estas tierras para defenderlas y hacerlas progresar.
Zainuco. Los precursores de la Patagonia Trágica. Libro escrito por uno de los nietos de don Abel Chaneton, Juan Carlos.
Los hechos narrados en este libro ocurrieron verdaderamente hacen 107 años. Desde las columnas del diario Neuquén y también como corresponsal del diario La Nación de Buenos Aires, don Abel denunció el fusilamiento –dijimos en párrafos anteriores- de los presos evadidos de la U.P.F - 9 en el Paraje Zainuco el 30 de mayo de 1916 y la complicidad de las autoridades políticas y judiciales de entonces por ocultar el hecho.
El autor del libro es su nieto Juan Carlos, hijo de Alberto casado con Celmira Montiveros, nació en la capital neuquina el 16 de septiembre de 1948. Realizó sus estudios superiores en la Facultad de Filosofía y Letras y de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, de donde egresó con el título de Abogado y ejerce el periodismo, la docencia universitaria y la investigación histórica. Su autor hace hincapié en el protagonismo del Poder Judicial que declina su función específica en aras de un cúmulo de intereses ajenos al derecho mismo, así como el de un periodismo libre y precursor en su papel de denuncia de la corrupción instalada en los poderes públicos. Su prólogo fue redactado por don Osvaldo Bayer – historiador, escritor y periodista argentino- y el epílogo de Monseñor Jaime Francisco de Nevares, a la sazón Obispo de la Diócesis neuquina y defensor acérrimo de los Derechos Humanos.
En el relato que realizamos de don Abel Chaneton resaltamos la figura de uno de sus hijos, precisamente Alberto Chaneton, padre del autor de este libro.
Juan Carlos Chaneton nieto de don Abel y autor del libro.
Hoy los volvemos a homenajear, ¡que épocas aquellas de los Territorios nacionales, de la lejana Nor Patagonia en donde los habitantes no tenían derechos políticos! Sin embargo, se producían enfrentamientos plagados de emociones y rivalidades. La Prensa de la época anunciaba, publicaba, resguardaba y sus periodistas lo dejaban todo en su profesión.