Internado en el Hospital de Andacollo que lleva el nombre de su amigo el Dr. Gorgni, el historiador Isidro Belver impulsó una posta satelital libre para pacientes internados.
Hay historias que cierran un círculo perfecto. Hace más de cincuenta años, un cura joven llegaba a Andacollo a caballo, sin luz ni agua, a misionar por los parajes del departamento Minas. Ese cura era Isidro Belver Rubira, andaluz de nacimiento, neuquino por adopción. Su amigo y compañero de aquellos años de barro y nieve era un médico que abría puestos de salud de adobe: Antonio Gorgni.
Hoy, la vida los volvió a juntar. Isidro atraviesa un cuadro de salud y está internado en el mismo hospital que lleva el nombre de aquel amigo - el Hospital de Área Andacollo Dr. Antonio Gorgni. Y desde esa cama, tuvo una idea luminosa: que nadie más se sienta solo ahí adentro.
La novedad la anunció el propio Isidro en sus redes con mucha expectativa. Así lo comunicó: "Después de mucha expectativa, hoy quedó habilitada una posta de comunicación satelital, en el área de internación del Hospital rural Andacollo".
No es un detalle menor. El hospital es el centro de referencia de todo el departamento Minas y muchas veces los pacientes pasan días internados, lejos de sus parajes.
En su posteo, aclara quiénes pueden usarla: "De uso libre para los pacientes internados o ambulantes, acompañantes, visitas, para enfermeros y personal en general en el área".
Y explicó el sentido más profundo del gesto, que va más allá de la tecnología: "Una segura posibilidad de comunicación visual con familiares y amigos lejanos".
No es solo wifi. Es la posibilidad de que un puestero internado haga una videollamada y vea sus chivas, su perro, la cordillera. Que una abuela vea a sus nietos. Que el desarraigo que produce estar lejos de casa, en esos inviernos tan duros del norte, duela un poco menos. Es, como dice Isidro, sentirse cerca de los afectos y del terruño.
El equipo es un Starlink Mini X, de alta velocidad, y quedó instalado en el área de internación para uso libre y gratuito.
La historia es más profunda. Gorgni e Isidro fueron parte de la misma generación que inventó el norte.
Gorgni, médico medalla de oro de la UBA, llegó en 1960 y habilitó el primer puestito de Salud de Andacollo en una casita de adobe de tres ambientes, con la enfermera Cesarina Coletti y el enfermero Tito González. No había luz, no había agua corriente y la mortalidad infantil superaba el 120 por mil. Fue intendente, fundó la escuela secundaria y recorrió a caballo todo el departamento Minas.
Belver, ordenado por Don Jaime de Nevares en 1971, hizo lo mismo, pero desde la fe y después desde la educación y la historia. Fue maestro en Huinganco -el jardín del Neuquén donde vive-, organizó la forestación, y dedicó su vida a lo que él dice: "Neuquén no tenía libros que contaran su propia historia". De ahí nacieron "Tradiciones del norte neuquino" y "Los Pincheira". Es miembro de la Junta de Estudios Históricos y su obra es Patrimonio Cultural.
Juntos hicieron un documental sobre esa épica. Hoy, uno le presta el nombre al hospital que cobija al otro.
Sobre el final de su mensaje, Isidro dejó su agradecimiento: "Agradecidos de corazón, a quienes hicieron posible este sencillo y esperado avance y recurso de pacientes y familiares. Gracias!"
Y tiene razón. Es un gesto sencillo pero emblemático. Tan pequeño como una antenita que mira al cielo y tan grande como la posibilidad de no sentirse solo.
Ojalá esta posta de Andacollo sea la primera. Ojalá cada hospital rural de la provincia, cada paraje con un paciente internado lejos de su veranada, pueda tener su ventana al terruño. Del caballo al satélite, la vocación sigue siendo la misma: que nadie en el norte se sienta olvidado.