Solían funcionar como termómetro de las expectativas y las decisiones de cobertura frente a la suba de precios, pero ahora vienen perdiendo terreno.
Durante los últimos años, cada vez que la inflación aceleraba, el plazo fijo ajustado por UVA aparecía como el refugio para el ahorro en pesos. Solían funcionar como termómetro de las expectativas y las decisiones de cobertura frente a la suba de precios, pero ahora vienen perdiendo terreno.
En efecto, los plazos fijos ajustados por UVA registraron en diciembre una fuerte caída interanual del 37,5% en términos reales y consolidaron una tendencia descendente que se profundizó durante 2025, según datos del Banco Central.
Ese retroceso marcó una tendencia clara a lo largo de 2025, cuando los ahorristas abandonaron masivamente estas opciones pese a su capacidad para preservar valor ante subas de precios. El stock promedio de esas colocaciones bajó a $ 698.400 millones a precios constantes, desde $ 840.500 millones un año antes.
La preferencia por el plazo fijo UVA surgió años atrás como cobertura contra una inflación acelerada, ya que su rendimiento sigue el Coeficiente de Estabilización de Referencia (CER) ligado al IPC. Sin embargo, la desaceleración inflacionaria transformó ese panorama: las tasas mensuales pasaron de dos dígitos a cerca del 2,5% en noviembre y los ahorristas buscan ahora otras alternativas.
En diciembre, los plazos fijos totales del sector privado promediaron $ 52,8 billones, con un avance real del 9,2%, pero concentrado en no ajustables, que alcanzaron $ 52,1 billones. Los UVA quedaron por debajo de $ 700.000 millones, menos del 0,1% del PBI, un peso insignificante en el sistema financiero.
Varios analistas destacan que el UVA siguen siendo la opción conservadora por excelencia para combatir la inflación sostenida, superando al plazo fijo tradicional en escenarios de precios volátiles. En 2025, un millón invertido en UVA generó $ 1.325.000 al cierre, apenas por encima de la inflación acumulada estimada en 30,9% anual.
Datos oficiales confirmaron que los UVA vencieron a la inflación en 2025 aunque marginalmente, frente a activos como acciones o Bitcoin que perdieron terreno. Su declive responde a baja volatilidad de precios, pero varios analistas insisten en su rol como refugio principal ante cualquier repunte inflacionario.
El escenario actual muestra que, a pesar de su probada eficacia técnica para preservar el poder de compra, la rigidez de sus plazos y la nueva dinámica de los tipos de interés desplazaron a esta herramienta hacia un segundo plano de las decisiones de inversión.
El análisis de la coyuntura bancaria muestra una migración de fondos hacia alternativas de mayor liquidez, incluso cuando los rendimientos nominales enfrentan desafíos frente a una inflación que busca un nuevo piso de estabilidad.
Esta descompresión en la tenencia de plazos fijos UVA no es un fenómeno aislado, sino que responde a una arquitectura de incentivos donde el tiempo de inmovilización del capital (cuyo mínimo es hoy seis meses) actúa como una barrera insalvable para quienes necesitan disponibilidad inmediata de sus pesos.