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Rocío Oliva, Fernanda Herrera y Walter Vallejos, tres empleados estatales que conmovieron con sus historias luego de salir sorteados para tener su propio lote.
Cuando vieron la multitud, pensaron que iba a ser muy difícil pasar el filtro de un sorteo público por nombres al azar. Pero la suerte o el destino estuvo de su lado, y figuraron en el listado de los 80 ganadores por un lote social en la meseta. Entre nervios y expectativas, Rocío Oliva (39) fue la primera a la que llamaron, y su nombre resonó en un silencio cargado de emociones que luego rompió en aplausos. Muchos se dieron vuelta para conocer la cara de la primera empleada estatal más afortunada, la que ahora está más cerca de abrazar el sueño de la casa propia.
Allí estaba ella, temblorosa. Pero con una sonrisa amplia. Tanta felicidad no le cabía en el cuerpo. Presentó su documentación para acreditar su identidad y salió a respirar aire fresco. "Soy auxiliar de servicio en la Escuela Primaria N°4 del barrio Copol. Esto es un milagro", expresó, en diálogo con LMNeuquén.
Contó que vive en la casa de sus suegros, junto a su marido y sus dos hijos, en Parque Industrial. Nunca tuvieron la posibilidad de tener un lote ni una vivienda propia. "Esta es una oportunidad re linda, re grande. La verdad, es una alegría enorme. Una oportunidad única para poder avanzar, muy emocionante", agregó.
El viernes será una de las beneficiarias que recorra el loteo asignado en la meseta, gracias al convenio que firmaron el secretario general de ATE, Carlos Quintriqueo, y el intendente de esta ciudad, Mariano Gaido. "Espero que todos mejoramos un poco como ciudadanos y como economía; y podemos todos salir adelante", dijo; y se fue a buscar a su marido para darle la noticia que más esperaban.
Enseguida llamaron también a Fernanda Herrera (32), quien no paraba de llorar de alegría. Ella pensaba en su hijo León, de 3 años. "Un sol", como dice, en su vida. "La verdad que le quiero dar todo y entonces, esto lo veía muy lejos. Cuesta mucho; y tener una casa es todo lo que todos queremos", comentó.
Es auxiliar de servicio en el hospital Heller y vive "en la casa prestada" de su mamá. "Estoy feliz, no lo puedo creer", manifestó, muy emocionada. Agradeció a Dios y a su pequeño que le da "toda la fuerza para seguir adelante", y pensó en su madre, quien está muy enferma.
Es que si, fue un momento de abrir el corazón, agradecer, confiar y soñar. Walter Vallejos (50) dio gracias a toda la organización y dirigió sus ojos al cielo. "Esto es un logro, repetir o replicar la historia de mi vieja que se hizo su propia casa. Ella se fue hace un tiempo pero ya lo sabe y seguramente esté mirando todo", confesó.
Muy emocionado, advirtió también acerca de la gran necesidad que hay para acceder a la tierra y a una vivienda propia. En su caso, comentó que hace más de 20 años que está inscripto en distintos registros, y nada. "Yo necesito un cachito de tierra para levantar mi casa, para hacer mi hogar, para crecer, para seguir apostando. Para sumar", manifestó, entre lágrimas.
El miércoles por la tarde, consiguió lo que tanto esperaba. Lo veía muy difícil, entre 400 inscriptos y 80 lotes sociales. Pero fue otro de los afortunados.
Dice que acababa de mudarse porque donde alquilaba no podía seguir pagando. "Yo no tengo hijos, soy soltero, y esto también es una contra la la hora de hacer este tipo de trámites", comentó.
Trabaja en la Subsecretaría de Familia del Ministerio de Desarrollo Social y ha pasado por distintos sectores, "haciendo todo lo que se puede, sumando y sumando".
Celebró la transparencia del sorteo y sostuvo: "Se necesita, porque uno ve los organismos públicos tan cuestionados".
Agradeció a todos los que organizaron el sorteo y aclaró: "Por más que uno a veces despotrique y reniegue de cuestiones sindicales y personales, por estar en desacuerdo, hacer este tipo de cosas suma mucho".
Actualmente, se capacita en la UOCRA para hacer albañilería y electricidad, de modo que todas las prácticas y los conocimientos técnicos que aprenda le servirán en un futuro cercano para hacer su propia casa. Pese a todas las dificultades, tenía la visión de que algún día podría tener la necesidad de construir su hogar. Y no se equivocó.